“La Anónima siente el golpe del ajuste: ventas en baja y fuerte aumento de incobrables”
El último balance de La Anónima confirma lo que el consumidor percibe a diario en las góndolas: el deterioro del poder adquisitivo ya impacta de lleno en el negocio del consumo masivo. La cadena, con fuerte presencia en la Patagonia y el sur argentino, atraviesa una caída en su actividad principal y un marcado crecimiento en la morosidad de sus clientes.
El segmento supermercados —el corazón operativo de la empresa— muestra una retracción en términos reales. Aunque los ingresos nominales pueden incrementarse por efecto de la inflación, el volumen vendido no acompaña. El ajuste económico, la reducción del gasto familiar y la priorización de productos esenciales explican parte del fenómeno. El consumo dejó de expandirse y comenzó a sostenerse con dificultad.
Pero el dato más delicado surge del frente financiero. La compañía registró créditos incobrables por $19.255 millones, frente a los $2.830 millones del ejercicio anterior. El salto es contundente y evidencia una mayor fragilidad en la cadena de pagos. En otras palabras, no solo se vende menos: también se cobra peor.
Este escenario repercutió directamente en la rentabilidad. El resultado antes de impuestos cayó de $34.426 millones a $7.475 millones, una reducción superior al 75%. La ganancia neta quedó en apenas 0,65% de los ingresos totales, un margen extremadamente ajustado para una actividad que históricamente trabaja con niveles de rentabilidad bajos.
El balance deja expuesta una realidad económica más amplia. El consumo se sostiene cada vez más con financiamiento, mientras crece la dificultad para cumplir con los compromisos asumidos. En regiones donde La Anónima tiene fuerte inserción territorial, como la Patagonia, el impacto se siente con mayor intensidad por la combinación de altos costos logísticos y salarios que no logran recomponer poder de compra.
Los números no hablan de una crisis aislada dentro de una empresa puntual. Funcionan como un indicador de lo que ocurre en el mercado interno. Cuando una de las cadenas más importantes del país muestra este nivel de deterioro en su negocio principal, la señal es clara: el ajuste llegó al consumo cotidiano y todavía no aparecen datos que permitan hablar de una recuperación sostenida.
