Un puñado de colonos definió la frontera: la votación de 1902 que inclinó la soberanía en la cordillera
Cada 30 de abril se conmemora este episodio histórico en Chubut y en localidades como Trevelin se reconoce como jornada no laborable, en homenaje a la decisión de los pobladores del Valle 16 de Octubre que fue determinante para que esas tierras quedaran bajo soberanía argentina.
En la Escuela N° 18 de Río Corinto, en pleno Valle 16 de Octubre, ocurrió uno de los hechos más singulares de la historia territorial argentina. El 30 de abril de 1902, lejos de los despachos diplomáticos y de las capitales, la definición de una frontera se apoyó en algo poco habitual: la voluntad de quienes vivían en ese territorio.
El conflicto entre Argentina y Chile no era nuevo. Tenía su raíz en el Tratado de Límites de 1881, que establecía como frontera la línea de las altas cumbres de la cordillera de los Andes. El problema era que ese criterio no siempre coincidía con la divisoria de aguas —es decir, hacia dónde escurren los ríos—, lo que generó interpretaciones distintas y reclamos superpuestos sobre amplias zonas cordilleranas.
Durante años, la tensión fue en aumento. Había riesgo concreto de que el conflicto derivara en un enfrentamiento mayor, por lo que ambos países aceptaron someter la cuestión a un arbitraje internacional. El Reino Unido asumió ese rol y designó al geógrafo Thomas Holdich como responsable de evaluar la situación en el terreno.
En ese proceso también participaron el representante chileno Hans Steffen y el perito argentino Francisco Pascasio Moreno, una figura clave en la defensa de la posición argentina en la Patagonia.
En lugar de limitarse a informes técnicos, Holdich decidió incorporar un elemento adicional: escuchar a los pobladores. Así, el 30 de abril de 1902, reunió en la escuela del paraje Río Corinto a unos 300 habitantes del Valle 16 de Octubre, en su mayoría colonos galeses asentados en la región desde fines del siglo XIX.
La pregunta fue directa: a qué país querían pertenecer.
La respuesta también lo fue. Los pobladores optaron por Argentina. No hubo ambigüedades ni posiciones divididas que alteraran el resultado. La decisión quedó sintetizada en una frase que atravesó generaciones: “Queremos seguir perteneciendo a la patria que nos cobijó”.
El contexto en el que se tomó esa decisión es clave para entender su peso. Chile ofrecía una legua de tierra por familia, una propuesta concreta que implicaba beneficios inmediatos. Sin embargo, los colonos eligieron mantenerse bajo soberanía argentina.
Historiadores señalan que esa elección estuvo influida por el vínculo previo con el Estado argentino, que desde la llegada de los galeses en 1885 había impulsado la instalación de instituciones como escuelas, capillas y servicios básicos. Esa presencia estatal, aunque limitada, generó un sentido de pertenencia que terminó siendo decisivo.
El resultado de la consulta no fue simbólico. Fue considerado en el laudo arbitral emitido ese mismo año por el rey Eduardo VII, que terminó de definir los límites en la región cordillerana y contribuyó a evitar un conflicto mayor entre ambos países.
Con el paso del tiempo, el episodio se consolidó como un hito en la historia de la Patagonia. Cada 30 de abril, comunidades de Trevelin y sus alrededores lo recuerdan con actos oficiales, recreaciones históricas y actividades educativas. La fecha no solo tiene valor conmemorativo: en la práctica, se reconoce como jornada no laborable en la zona, en reconocimiento a aquella decisión colectiva.
Más de un siglo después, el plebiscito de 1902 sigue teniendo una particularidad difícil de encontrar en otros procesos limítrofes. En un contexto de tensión internacional, donde la definición de fronteras solía depender de tratados o conflictos armados, aquí pesó la voz de quienes habitaban el territorio. Una decisión concreta, tomada en un aula rural, que terminó influyendo en el mapa definitivo de la Argentina.
