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Aldea Beleiro y Facundo: policías sin móviles, calefacción ni herramientas básicas en pleno invierno

Tras conocerse la situación de Lago Blanco, numerosos vecinos expresaron su inquietud por las condiciones de otras dependencias del interior. Aldea Beleiro lleva alrededor de nueve meses sin movilidad oficial y sus efectivos dependen de vehículos particulares para cumplir procedimientos. En Facundo, una unidad nueva gestionada en 2023 fue trasladada a Sarmiento durante 2025 y reemplazada por otra usada que terminó fuera de servicio; una motocicleta asignada también fue retirada y nunca regresó. A estas carencias se suman problemas de agua, calefacción, conectividad y falta de elementos administrativos.

La publicación sobre la dependencia policial de Lago Blanco, que lleva varias semanas sin camioneta en pleno invierno, abrió una cadena de testimonios desde otras comunidades del sudoeste de Chubut. Vecinos de Aldea Beleiro y Facundo comenzaron a describir situaciones que hasta ahora permanecían incorporadas a la vida cotidiana de ambos pueblos.

Río Mayo 1935 reunió la información bajo estricta reserva para preservar a las personas que conocen el funcionamiento diario de las dependencias y al personal policial que presta servicio en ellas. Los relatos coinciden en la falta de vehículos oficiales, edificios con problemas de calefacción y agua, escaso equipamiento administrativo y una permanente dependencia de la colaboración comunitaria.

Las distancias rurales y las condiciones invernales exigen unidades preparadas para circular sobre caminos con nieve, hielo y escarcha. Accidentes, incendios, denuncias en establecimientos ganaderos, hechos de abigeato y emergencias sobre las rutas pueden requerir una intervención inmediata, aunque los policías carezcan de los medios necesarios para trasladarse y documentar cada actuación.

Aldea Beleiro lleva nueve meses sin móvil policial

La camioneta asignada a la dependencia de Aldea Beleiro fue retirada hace aproximadamente nueve meses y nunca regresó. Durante ese período tampoco habría sido enviada una unidad sustituta, por lo que las recorridas y los procedimientos fuera del casco urbano quedaron sujetos a la disponibilidad de vehículos particulares.

La comisaría es atendida actualmente por Cristina Edith Vargas y Jonathan Santa Cruz, una pareja de policías que llegó a vivir y trabajar en la localidad hace alrededor de cuatro meses. Cuando arribaron, el móvil ya llevaba cerca de cinco meses fuera de Aldea Beleiro.

Ambos distribuyen las tareas para sostener la atención durante el día. La dotación está integrada prácticamente por ellos dos, una limitación que también condiciona los descansos, los francos y las licencias correspondientes. Cualquier ausencia vinculada con la salud o una obligación personal modifica toda la cobertura.

Durante la noche, el edificio policial permanece cerrado. Los habitantes que conocen la dinámica de la comunidad saben que, frente a una emergencia fuera del horario de atención, deben acercarse hasta la vivienda policial y golpear la puerta para localizar a los efectivos.

La organización deja a la pareja disponible incluso durante sus horas de descanso. Una urgencia nocturna puede obligarlos a retomar inmediatamente el servicio, conseguir transporte y salir hacia un establecimiento rural o un sector alejado.

Quienes conocen el ambiente policial describen estas condiciones como una suerte de castigo laboral. La distancia propia del destino se combina con la falta de movilidad, personal, conectividad, equipamiento y calefacción segura, mientras la responsabilidad de responder ante cada hecho continúa recayendo sobre los trabajadores.

En distintas oportunidades, los efectivos debieron recurrir a vehículos particulares para cumplir procedimientos fuera del pueblo. La colaboración comunitaria permitió llegar a sectores rurales y atender emergencias, aunque cada salida depende de conseguir un medio de transporte disponible.

Los detalles sobre las personas y los vehículos utilizados se mantienen bajo reserva. En una población pequeña, brindar datos precisos permitiría identificar rápidamente a quienes colaboran con la dependencia.

La utilización de recursos particulares incorpora gastos de combustible, desgaste mecánico y riesgos vinculados con la circulación por caminos rurales. También abre interrogantes sobre la cobertura y las responsabilidades ante un eventual accidente durante un procedimiento oficial.

Sin computadora ni conexión a internet

La dependencia de Aldea Beleiro tampoco contaría con computadora ni conexión a internet. Ambas herramientas resultan indispensables para recibir exposiciones, redactar actuaciones, imprimir documentación y comunicarse con las autoridades policiales y judiciales.

Cuando necesitan confeccionar o imprimir determinados documentos, los efectivos deben recurrir a equipos disponibles en otra oficina pública de la localidad. Parte del trabajo administrativo policial queda así condicionado por los recursos de una institución diferente.

Esta situación genera traslados, demoras y una dependencia constante de terceros. También dificulta el envío de actuaciones y comunicaciones en una estructura administrativa que funciona cada vez más mediante plataformas digitales.

Vargas y Santa Cruz atienden a los vecinos, reciben denuncias, elaboran informes y responden ante emergencias con herramientas que deben buscar fuera del edificio policial.

Una estufa eléctrica frente al frío

El sistema de calefacción por combustión presenta fallas. Cuando se enciende, el humo regresaría hacia el interior, por lo que los efectivos utilizan principalmente una estufa eléctrica para enfrentar las bajas temperaturas.

El problema habría sido informado mediante una nota dirigida a la intendenta de la localidad, aunque hasta el momento no se habría concretado una reparación definitiva.

Al instalarse en la vivienda policial, la pareja también encontró desperfectos en los calefactores y dificultades con el suministro de agua. Vecinos de Aldea Beleiro gestionaron la intervención de personal capacitado para revisar las instalaciones y resolver las necesidades más urgentes.

La comunidad mantiene contacto cotidiano con ambos policías y consulta si necesitan ayuda. Ese acompañamiento permitió acondicionar parcialmente la vivienda y sostener el trabajo diario, mientras el mantenimiento de los edificios oficiales continúa pendiente.

Facundo: consiguieron una unidad nueva, intentaron evitar su traslado y terminaron sin móvil

La Subcomisaría de Facundo permanece sin movilidad operativa y actualmente se encuentra a cargo de una suboficial mujer. El personal debe mantener la atención con recursos limitados, sin calefacción adecuada, con problemas de agua y con escasos elementos para desarrollar las tareas administrativas.

En 2023, la Comuna Rural gestionó una unidad cero kilómetro para la dependencia. Su incorporación permitió superar una etapa en la que los efectivos debían acudir a accidentes y emergencias en sus propios automóviles o en vehículos comunales.

Dos años después, en marzo de 2025, la comunidad fue informada de que esa camioneta nueva sería trasladada a Sarmiento y reemplazada por una unidad usada. La entonces presidenta comunal, Vilma Edith Pinilla, encabezó un petitorio dirigido al jefe de la Policía del Chubut para solicitar que el único patrullero permaneciera en Facundo.

El reclamo fue acompañado por la vicepresidenta comunal, Chavela Huenchumán, y por más de medio centenar de vecinos. El documento recordaba que el vehículo había sido obtenido mediante gestiones realizadas por la comuna y advertía que en Facundo resulta prácticamente imposible reparar una unidad con problemas mecánicos importantes.

Los firmantes también señalaron que el patrullero era fundamental para asistir a familias varadas en los sectores de Tamarisco y Facundo, acompañar ambulancias hacia establecimientos rurales, responder ante accidentes y atender hechos de abigeato.

La nota precisaba además que alrededor del 70 por ciento de los habitantes de Facundo son adultos mayores. La extensión de la zona rural y las condiciones de la Ruta Nacional 40 reforzaban la necesidad de conservar una camioneta confiable.

La comunidad buscaba impedir que el personal regresara a las condiciones anteriores a 2023, cuando los procedimientos dependían de vehículos particulares o comunales. El petitorio anticipó con claridad las consecuencias de cambiar una unidad nueva por otra usada.

El traslado finalmente se concretó durante 2025. La camioneta gestionada dos años antes fue enviada a Sarmiento y en Facundo dejaron una unidad usada que ya presentaba desgaste mecánico.

El vehículo de reemplazo sufrió posteriormente una avería en el motor y quedó fuera de servicio. La Subcomisaría perdió la camioneta nueva y, poco tiempo después, también quedó sin la unidad que había recibido a cambio.

La dependencia tenía además una motocicleta asignada. El rodado fue retirado y nunca regresó. Los vecinos resumen con ironía la ausencia de información sobre su destino mediante una expresión repetida en el pueblo: “se la comió la vaca”.

La secuencia confirmó aquello que Facundo había advertido en marzo de 2025. La comunidad consiguió una unidad nueva en 2023, dos años después intentó impedir su traslado, recibió como reemplazo un vehículo usado que terminó inutilizado y tampoco recuperó la motocicleta.

Ante un procedimiento fuera del casco urbano, el personal vuelve a quedar sujeto a vehículos particulares o a la colaboración de otras instituciones.

Sin agua y con los calefactores fuera de servicio

Las condiciones del edificio de Facundo agravan la falta de movilidad. Durante las bajas temperaturas, las cañerías y el tanque se congelaron, dejando a la dependencia sin suministro de agua.

Los calefactores tampoco funcionarían. El personal cumple sus tareas sin un sistema adecuado para soportar el invierno, dentro de una localidad donde las temperaturas bajo cero y las heladas pueden prolongarse durante varios días.

La falta de agua y calefacción afecta a los trabajadores y a cualquier vecino que necesite permanecer dentro de la Subcomisaría para realizar una denuncia, una exposición o un trámite.

La suboficial responsable debe sostener la atención mientras las reparaciones, el reemplazo del móvil y la provisión de equipamiento dependen de autoridades ubicadas fuera de la localidad.

Sin impresora ni elementos administrativos

La Subcomisaría de Facundo tampoco tendría impresora y carecería de elementos indispensables para confeccionar actuaciones. Los testimonios describen dificultades incluso para recibir una exposición y dejarla correctamente documentada.

Una dependencia necesita computadora, conectividad, impresora, papel, lapiceras y archivos para registrar denuncias y comunicar cada procedimiento. La ausencia de estos materiales obliga al personal a buscar alternativas para cumplir tareas elementales.

Un accidente, un incendio, una denuncia rural o un episodio de abigeato requieren una respuesta inmediata y un registro posterior. En Facundo, ambas etapas deben realizarse sin movilidad operativa y con recursos administrativos mínimos.

Tres localidades sostenidas por policías y vecinos

Lago Blanco permitió visibilizar una realidad que también alcanza a Aldea Beleiro y Facundo. Las tres localidades mantienen dependencias con dotaciones reducidas, vehículos retirados o fuera de servicio y edificios que carecen de condiciones básicas.

Aldea Beleiro lleva alrededor de nueve meses esperando el regreso de su camioneta. Facundo perdió la unidad nueva que la comunidad había conseguido, recibió otra usada que terminó averiada y tampoco recuperó la motocicleta asignada.

En ambas localidades, los vecinos aportan transporte, reparaciones, equipos y ayuda cotidiana para mantener la atención. Esa solidaridad resuelve las urgencias, pero también permite que las deficiencias permanezcan durante meses sin una respuesta institucional.

Los policías deben continuar interviniendo ante cada denuncia o emergencia, incluso cuando la dependencia está cerrada y los habitantes tienen que buscarlos en sus viviendas. La falta de recursos transforma los destinos del interior en lugares donde el aislamiento se combina con condiciones laborales que rozan el castigo.

En marzo de 2025, Facundo dejó por escrito qué ocurriría si retiraban la camioneta nueva. La advertencia fue desoída y el reemplazo terminó fuera de servicio. Aldea Beleiro lleva nueve meses sin móvil y depende de vehículos particulares.

Las autoridades policiales y políticas deben explicar dónde se encuentran las unidades retiradas, qué gestiones realizaron para repararlas o reemplazarlas y cuándo serán restituidos el agua, la calefacción, la conectividad y los elementos administrativos. La seguridad del interior continúa sostenida por trabajadores y comunidades que llevan demasiado tiempo cubriendo con esfuerzo propio aquello que el Estado todavía no garantiza.

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