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Aldea Beleiro hizo historia con su primera fiesta

El domingo 7 de diciembre, Aldea Beleiro vivió una jornada inolvidable con la realización de la 1ª Fiesta Regional del Ganadero y la Frontera, un evento que marcó el nacimiento de una nueva tradición en uno de los últimos pueblos de Chubut que aún no contaba con una celebración propia más allá de su aniversario fundacional.

Desde temprano, el ambiente fue de reencuentro, emoción y orgullo. El pueblo entero se vistió de fiesta para recibir a jinetes, tropillas, músicos, cocineros, artesanos y jóvenes de distintas localidades. La gran jineteada, con más de $4.500.000 en premios, fue el plato fuerte del día: categorías como Clina Limpia, Bastos con Encimera y Rueda de Grupa para principiantes le dieron vida al campo, recientemente inaugurado con gran emoción por Gabriel Marín.

El desfile de jinetes a caballo, avanzando desde el pueblo hacia el predio, fue uno de los momentos más impactantes: una columna de montados atravesando el camino con el sol de la mañana en la espalda y el pueblo acompañando desde atrás. La imagen quedó grabada en la memoria colectiva.

El campo de jineteada lució impecable, con palenques celeste y blanco, banderas argentinas y chilenas flameando en alto y un mangrullo que acompañó toda la jornada. Hubo asado, patio de comidas, bailes camperos, elección de embajadora, gauchito y gauchita, y un cierre a puro chamamé con un grupo que hizo bailar a todo el predio: Los Másters del Chamamé, que coronaron el final de la fiesta con alegría, ritmo y tradición.

Otro de los puntos altos del evento fue la presentación de Octavio Utrera, junto a su hijo Fran y su hermano Jorgito. “Para mí significó muchísimo estar. Es como el comienzo de una historia en una localidad fronteriza a la que cuesta mucho llegar. Pero la gente se acercó, disfrutó, y la organización fue muy prolija”, expresó.

Además de músico, Octavio es docente desde hace más de 17 años. Da clases de lenguaje musical en el Coro de José de San Martín, y es profesor de música en las escuelas de Río Pico, Atilio Viglione y Casihuil. Aunque en Gobernador Costa tiene menor carga horaria, su recorrido une pueblos que muchas veces no figuran en los grandes circuitos, pero donde la cultura se sostiene con compromiso.

Compartir escenario con su hijo Fran fue una experiencia profunda. “Yo soy exigente para que él mejore día a día. Si va a hacer algo, que lo haga bien. Todos los días se puede avanzar un poquito. Es un aprendizaje constante”, contó.

También mencionó su admiración por Sergio Casihuil, músico que considera ejemplo de superación: “Tiene una capacidad impresionante para tocar el teclado. Aunque no lo conozco tanto, creo que la música es su vida. En nuestro caso también: la música es la vida misma mía. Mi estabilidad emocional es a través de la música.”

De todos los momentos vividos, uno le quedó grabado para siempre: “Ver venir a toda la gente desde el pueblo, a caballo, en el desfile… y esa bandera enorme flameando. En la frontera siempre flamea mejor. Representa lo que somos: nuestro lugar, nuestro pueblo, nuestra patria. Y también esa hermandad con la patria chilena.”

Aldea Beleiro cerró su primera fiesta con alegría, emoción y la promesa de haber comenzado algo grande. Una celebración que ya tiene raíces, pueblo, bandera… y chamamé.

Fotos: Ramiro Bahamonde

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