El Presupuesto 2026 creció un 50 % y expone la falta de rumbo de la gestión Loyaute
El Presupuesto Municipal 2026 creció cerca de un 50 % respecto del ejercicio anterior, pero ese incremento no se traduce en un rumbo político claro para Río Mayo. El análisis del proyecto presentado por el intendente Gustavo Loyaute muestra una gestión apoyada en una lógica técnica y administrativa, con fuerte dependencia de recursos externos y sin una estrategia definida de desarrollo. Las obras incluidas en el anexo corresponden, en su mayoría, a proyectos firmados y anunciados el año pasado, que se ejecutarán durante 2026, sin que aparezcan nuevas obras incorporadas al presupuesto provincial. Pese al acuerdo político con el gobierno de Ignacio Torres, la gestión local no logró sumar iniciativas significativas para la localidad, dejando al descubierto una conducción centrada en la administración y la coyuntura, pero sin capacidad de negociación ni dirección política sobre hacia dónde va el municipio.
El Presupuesto Municipal 2026 de Río Mayo fue presentado por el intendente Gustavo Loyaute y aprobado con un dato que, por su magnitud, debería haber ordenado el debate político local: el cálculo de recursos y gastos asciende a 4.160 millones de pesos, lo que representa un crecimiento cercano al 50 % respecto del ejercicio anterior. En cualquier municipio, un aumento de esta escala obliga a responder una pregunta básica de conducción: qué se quiere hacer con ese incremento y hacia dónde se pretende llevar al Estado local. El análisis del presupuesto aprobado muestra que esa pregunta sigue sin una respuesta política clara.
El proyecto de Presupuesto 2026 ingresó formalmente al Concejo Deliberante el 13 de noviembre de 2025. A partir de allí se abrió un proceso legislativo breve, con tratamiento en comisión y una sesión especial realizada el 18 de diciembre de 2025, donde se abordaron tanto el presupuesto como la Ordenanza Tarifaria. En ese lapso, el Ejecutivo municipal no logró construir una explicación política consistente sobre el sentido del fuerte incremento de recursos. El debate avanzó sobre números, pero no sobre un rumbo.
El crecimiento cercano al 50 % no se presenta como el resultado de una decisión estratégica, sino como una actualización técnica destinada a sostener salarios, servicios y funcionamiento general del municipio en un contexto inflacionario. El presupuesto parece estar pensado para que el Estado no se detenga, no para que avance. No hay un objetivo central que ordene el gasto ni una narrativa política que permita comprender qué cambio se busca producir con un volumen de recursos significativamente mayor.
En ese marco, un antecedente cobra especial relevancia. Durante el mes de diciembre, en declaraciones públicas, el intendente Gustavo Loyaute habló de un incremento presupuestario del 30 % para 2026. El número finalmente aprobado muestra un aumento cercano al 50 %, una diferencia significativa que deja en evidencia un manejo impreciso del principal instrumento de gobierno. En aquella oportunidad, el jefe comunal evitó profundizar en el análisis económico del presupuesto y respaldó el proyecto casi exclusivamente en el perfil técnico de la contadora del municipio, destacando su experiencia administrativa. La política presupuestaria quedó así subsumida a una lógica contable, sin conducción política explícita.
La composición de los recursos refuerza esta lectura. El Presupuesto 2026 se apoya de manera determinante en ingresos externos: coparticipación y regalías ocupan un lugar central en el financiamiento municipal. Se trata de recursos volátiles, ajenos al control directo del municipio y sensibles a variables externas. En particular, el peso de las regalías resulta crítico en un contexto en el que esos ingresos han mostrado caídas significativas en los últimos meses. El presupuesto avanza sin un timón claro en un escenario de aguas cada vez más inciertas.
Pese a ello, el proyecto elaborado por el Ejecutivo no incorpora una política explícita de manejo del riesgo. No aparecen mecanismos de resguardo frente a una eventual merma de ingresos ni decisiones orientadas a reducir la dependencia estructural de transferencias externas. Tampoco se observa una estrategia clara para fortalecer la recaudación propia como base de un modelo más sostenible. El presupuesto autoriza gastos, pero no gobierna el riesgo.
Del lado del gasto, la lógica es coherente con esa falta de conducción. La mayor parte de los recursos se orienta a salarios, funcionamiento y servicios básicos. No se identifica una jerarquización política del gasto ni áreas claramente priorizadas que funcionen como motor de desarrollo. El Estado municipal aparece organizado para sostener lo que existe, no para transformar la realidad que administra. El barco flota, pero no se advierte quién define el rumbo.
En cuanto a las obras, el anexo del Presupuesto 2026 detalla las intervenciones previstas para el ejercicio. Allí se incluyen obras de infraestructura financiadas mayormente con recursos externos, como el pavimento de la calle 25 de Mayo, trabajos vinculados al Bono de la Comarca Senguer–San Jorge y mejoras urbanas puntuales. El listado confirma que existen obras en ejecución o previstas y recursos asignados para ello. Sin embargo, su análisis deja al descubierto un rasgo central de la gestión: las obras aparecen enumeradas, pero no integradas en un programa de desarrollo urbano o productivo. No están ordenadas por prioridades, impacto o estrategia. Hay ejecución prevista, pero no una política de obras que exprese un rumbo de gestión.
Un dato adicional profundiza esta lectura. Las obras incluidas en el anexo del Presupuesto 2026 corresponden, en su mayoría, a proyectos que ya habían sido firmados y anunciados durante el año 2025, particularmente en el acto del 22 de agosto por el aniversario de Río Mayo. No se identifican nuevas obras convenidas para el ejercicio 2026 dentro del presupuesto provincial vigente. Esta continuidad evidencia las dificultades de la gestión local para incorporar proyectos nuevos a la agenda de obra pública del Gobierno del Chubut. Pese al acuerdo político con el espacio Despierta Chubut y al vínculo institucional con el gobernador Ignacio Torres, el Presupuesto 2026 no refleja resultados concretos en términos de nuevas obras provinciales para la localidad. El municipio proyecta ejecutar en 2026 compromisos asumidos el año anterior, pero sin novedades significativas que indiquen una negociación exitosa para el nuevo período.
La Ordenanza Tarifaria 2026 acompañó este esquema y fue aprobada por unanimidad, actualizando valores, tasas y derechos. No obstante, esa actualización no se vincula de manera explícita con un proyecto de desarrollo ni con una agenda de inversión clara. La comunidad es llamada a realizar un mayor esfuerzo fiscal sin que exista una explicación política convincente sobre el destino de ese esfuerzo.
El tratamiento legislativo dejó además una señal política inequívoca. Mientras que la Ordenanza Tarifaria fue aprobada por unanimidad, el Presupuesto Municipal 2026 fue aprobado por mayoría simple, únicamente con los votos del oficialismo. Acompañaron el proyecto los concejales Silvia Muñoz, Leonardo Silva, Micaela Selesky y Gustavo Inostroza. Hubo acuerdo para habilitar la recaudación, pero no para respaldar el rumbo del gasto.
Desde la oposición, el rechazo se fundamentó en un dato concreto: los pedidos de informes realizados al Ejecutivo municipal no fueron respondidos. Esa falta de respuestas impidió despejar dudas sobre la ejecución, el destino de partidas clave y los supuestos utilizados para proyectar los recursos. La ausencia de información terminó de quebrar cualquier posibilidad de consenso y dejó expuesto un proceso legislativo sin conducción política efectiva.
Finalmente, tras su aprobación en el Concejo Deliberante, el Presupuesto Municipal 2026 fue promulgado por el Ejecutivo municipal durante la primera semana de enero, quedando formalmente vigente. Con esa promulgación, la gestión de Gustavo Loyaute asumió plenamente la responsabilidad política sobre un presupuesto más grande en términos nominales, pero sin una hoja de ruta clara.
El Presupuesto 2026 es técnicamente correcto. Los números cierran, las partidas están ordenadas y el equilibrio fiscal aparece como prioridad. Pero la política no se mide solo en balances. Se mide en dirección, en decisiones y en la capacidad de explicar hacia dónde se conduce una gestión. Hoy, con más recursos que nunca, la pregunta sigue abierta: quién conduce el barco y hacia dónde va.
