Vendió una Ranger para operarse y ahora debe desprenderse de su auto: el drama de un policía herido en servicio
José Downie sufrió una grave lesión de columna durante un procedimiento policial hace 15 años, pasó cuatro meses en silla de ruedas, fue operado tres veces y actualmente vive con un neuroestimulador medular. En septiembre deberá volver a Buenos Aires para otra cirugía y, aunque SEROS cubre la prestación médica, los gastos del viaje y la estadía corren por su cuenta. Ya había vendido una camioneta para afrontar una operación anterior.
José Downie llegó al punto de tener que vender nuevamente un vehículo para continuar tratando las consecuencias de una lesión sufrida mientras prestaba servicio en la Policía del Chubut. El suboficial mayor retirado debe viajar a Buenos Aires para una nueva cirugía de columna y puso a la venta su automóvil para reunir el dinero necesario para los pasajes, el alojamiento y la alimentación durante su permanencia en la Capital Federal.
La historia comenzó hace unos 15 años, durante un procedimiento realizado en la vivienda del entonces ministro Norberto Yauhar. Según relató, un detenido cayó desde un techo directamente sobre su hombro y el impacto le provocó el estallido del quinto disco de la columna. Downie permaneció cuatro meses en silla de ruedas, atravesó tres operaciones y actualmente utiliza un neuroestimulador medular para convivir con las secuelas de aquella lesión.
“No es la primera vez que vendo mi auto para operarme”, contó en declaraciones a Jornada Radio. En una intervención anterior tuvo que desprenderse de una camioneta Ford Ranger para solventar los gastos y ahora enfrenta nuevamente la misma situación. SEROS cubre los costos médicos de la cirugía, pero no la totalidad de los gastos que implica trasladarse y permanecer en Buenos Aires, por lo que solicitó una audiencia con la Jefatura de Policía y el Gobierno provincial.
Downie hizo pública su situación acompañado por Héctor Amaya, otro suboficial mayor retirado luego de sufrir graves heridas en cumplimiento del deber. Amaya perdió totalmente la visión de su ojo izquierdo después de recibir perdigones en el rostro durante un procedimiento policial en 2017 y todavía necesita tratamientos permanentes. Dos historias distintas, atravesadas por una misma realidad: policías que quedaron con secuelas permanentes por hechos ocurridos mientras cumplían funciones y que años después continúan afrontando, con sus propios recursos, buena parte de las consecuencias de aquellas lesiones.
