Denuncia hostigamiento en Educación: volvió a su escuela, quedó en espera y terminó trabajando lejos de su hija
Pidió regresar a Sepaucal para estar cerca de su hija de cuatro años, consiguió el traslado y afirma que después lo dejaron sin tareas. Denunció hostigamiento, reclamó salarios pendientes y llevó a la Fiscalía su preocupación por la seguridad de la niña. Hoy trabaja en Trelew y asegura que las sucesivas presentaciones ante el Ministerio de Educación siguen sin respuesta.
El pedido de regresar a su lugar de trabajo terminó en un conflicto que pasó por la dirección escolar, las delegaciones regionales, las oficinas del Ministerio de Educación y la Fiscalía de Trelew. Un auxiliar de planta permanente de la Escuela 92 de Aldea Sepaucal denuncia que, después de conseguir el traslado desde Esquel y formalizar su reincorporación, quedó sin tareas y finalmente terminó trabajando en otra ciudad, lejos de la hija a la que buscaba acompañar.
Sepaucal es una pequeña aldea de la meseta de Chubut, ubicada en el departamento Telsen, a unos 230 kilómetros de Puerto Madryn. Se accede por un camino vecinal que se desprende de la ruta provincial 4. Allí se encuentra la Escuela 92 “Pichi Che Ruka”, el establecimiento al que el trabajador había solicitado regresar por razones familiares.
Guillermo Lillo, auxiliar de esa institución, sostiene que su regreso respondía a una preocupación concreta por el cuidado de su hija de cuatro años. En su relato, las dificultades para permanecer cerca de ella se combinaron con reclamos salariales, denuncias de hostigamiento y cuestionamientos a la intervención de autoridades educativas. Las notas que presentó llevan su firma y fueron dirigidas a distintos niveles de la administración provincial.
El retorno a Sepaucal fue autorizado en abril de 2026. Primero se dispuso finalizar su asignación de funciones en la Escuela 8 de Esquel y luego la Delegación Administrativa de la Región II, a cargo de Guillermo Medina, estableció que debía prestar servicios en la Escuela 92 desde el 27 de abril. Lillo se presentó ese día, pero el establecimiento atravesaba una jornada de paro y se le indicó que regresara a la mañana siguiente.
El 28 de abril quedó asentada su toma de posesión y se comunicó su reincorporación al resto del personal. También se le asignaron tareas de parque y limpieza, con una jornada de seis horas. Sin embargo, el trabajador asegura que después recibió una comunicación que lo dejó en espera y que no volvió a desarrollar tareas en esa escuela. “Me mandaron un mensaje, un correo que quedaba stand by y ahí nomás quedó”, relató.
Según explicó, esa situación se prolongó hasta junio. El 26 de ese mes acudió a la Comisaría Tercera de Trelew y presentó nuevos reclamos ante Educación. Desde el 1 de julio, afirma, trabaja en la Escuela 751 de Trelew. Cuestiona que el regreso autorizado a Sepaucal haya terminado en un destino diferente y sostiene que nunca recibió una explicación de fondo sobre lo ocurrido.
Uno de los ejes de su denuncia apunta a la directora de la Escuela 92, Ana J. Lista. Lillo la acusa de haber trasladado al ámbito laboral una causa de su vida particular que, según sostiene, estaba cerrada. Describe esa intervención como parte de una situación de hostigamiento y discriminación, y también cuestiona la actuación de funcionarios regionales y del área de Recursos Humanos.
En las reuniones escolares de abril, la dirección planteó que los asuntos personales y familiares debían mantenerse fuera del trabajo. Allí también se abordó un pedido del auxiliar para que su hija recibiera asistencia psicológica. La escuela dejó asentado que ofrecía coordinar una reunión con la directora y una docente de nivel inicial para escuchar sus inquietudes.
La preocupación por la niña ocupa un lugar central en las presentaciones de Lillo. El trabajador pidió medidas de protección y manifestó temor por las condiciones de cuidado y por la presencia de un familiar en su entorno sobre el que, según denunció, existen actuaciones judiciales. También reclamó información sobre la atención médica de su hija y sostuvo que había llevado sus inquietudes al puesto sanitario de Sepaucal y a otros organismos.
Durante junio, el conflicto llegó a las oficinas centrales del Ministerio de Educación. El día 12 presentó documentación judicial ante la Subsecretaría de Recursos Humanos. El 26 ingresó notas en las que denunció hostigamiento, solicitó copias de actuaciones administrativas y reclamó pagos pendientes. El 7 de julio se dirigió al ministro José Luis Punta para insistir en que se respondieran sus planteos.
En esa presentación responsabilizó a autoridades educativas por los perjuicios que, según sostiene, le provocó el manejo de su situación laboral. Afirmó que los gastos de alquiler y permanencia en Trelew, sumados a los pagos que reclamaba, dificultaban sus viajes para estar con su hija. También denunció que no había cobrado el aguinaldo y que esa falta de ingresos había afectado sus planes de compartir las vacaciones con ella.
El reclamo económico incluye tareas que asegura haber realizado entre octubre de 2022 y agosto de 2024, vinculadas al funcionamiento del generador eléctrico de la aldea. Según su testimonio, permanecen pendientes el pago de diciembre de 2023 y horas correspondientes a ese período. Afirma que acompañó sus pedidos con antecedentes y reiteró las gestiones sin obtener una solución.
En septiembre presentó una denuncia ante el Ministerio Público Fiscal de Trelew, que identifica con el número 142083. Allí reunió acusaciones por injurias, calumnias y presunto encubrimiento con el pedido de protección para su hija y de regreso a la Escuela 92. Solicitó que se investigaran los hechos denunciados y que se le brindara información sobre los turnos médicos de la niña.
“Lo único que yo quería es estar cerca de mi hija”, sostuvo. Mientras continúa trabajando en Trelew, insiste en volver a Sepaucal, obtener una respuesta a los reclamos salariales y conocer por qué, después de haber firmado su reincorporación, quedó en espera y terminó destinado en otra ciudad.
