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EL VALLE SIN AGUA Y SIN TRABAJO: LA PROMESA DE TORRES QUE SE HIZO HUMO

Green Capital ya había sido presentada por Ignacio Torres en 2025 con una inversión superior a los US$10.000 millones en hidrógeno verde y la promesa de más de mil puestos de trabajo. Aquella obra no comenzó y ahora la misma empresa reaparece con Atlas GigaHub, un gigantesco centro de datos para inteligencia artificial cuya inversión potencial se eleva hasta los US$30.000 millones. La investigación sobre documentación argentina y polaca revela que el proyecto original fue revisado y derivó hacia el negocio de los data centers, que Green Capital todavía debe conseguir socios financieros y clientes para sostener el financiamiento y que su sociedad matriz terminó 2025 con pérdidas y un patrimonio muy distante de la escala anunciada. A eso se suma una contradicción difícil de pasar por alto: Torres acompañó la presentación de Atlas el 30 de julio y al día siguiente su propio Gobierno impulsó la emergencia hídrica de Chubut, sustentada en informes que registran caídas de hasta el 77% respecto de valores históricos en sectores de la cuenca del río Chubut. Mientras se conocen cifras multimillonarias y hasta la eficiencia energética proyectada del complejo, todavía no se informó públicamente cuántos empleos permanentes dejará ni cuánta agua necesitará para funcionar.

Ignacio Torres volvió a presentar a Green Capital como protagonista de una inversión extraordinaria para Chubut. Esta vez no se habló de hidrógeno verde sino de Atlas GigaHub, un complejo de centros de datos destinado al procesamiento de inteligencia artificial que pretende instalarse en la zona de Trelew y cuya dimensión futura fue promocionada por organismos nacionales con una inversión potencial de hasta US$30.000 millones.

Pero detrás de la cifra aparece una realidad bastante menos espectacular. PromArgentina, el organismo nacional que acompañó institucionalmente la presentación, reconoce que Atlas se encuentra todavía en una etapa inicial, con estudios ambientales, elaboración de documentación técnica y estructuración legal y financiera. Los US$30.000 millones no representan capital ya desembolsado en Chubut, sino el valor que podría alcanzar el proyecto si logra completar todas sus etapas de desarrollo.

La explicación de la propia Green Capital es todavía más clara. Su presidente, Michał Polanowski, sostuvo en una entrevista publicada por el medio económico polaco XYZ que la compañía continúa trabajando sobre las evaluaciones técnicas, energéticas, ambientales y financieras. También explicó que, una vez seleccionados los proveedores, deberá avanzar en la búsqueda de socios financieros y compradores de capacidad informática y que serán precisamente los contratos de largo plazo con esos clientes los que permitirán respaldar el financiamiento.

Es decir que detrás del anuncio todavía falta una de las piezas centrales: quién va a poner efectivamente el dinero. Los acuerdos estratégicos firmados con compañías internacionales como Schneider Electric, Wärtsilä, Envision Energy y Ore Energy aportan tecnología, equipamiento y capacidad de desarrollo, pero no equivalen a tener asegurados los miles de millones necesarios para construir Atlas. Hasta ahora no se conoce públicamente qué banco, fondo de inversión, hyperscaler o grupo financiero asumirá el financiamiento principal.

Ese interrogante adquiere mayor peso cuando se observan los números de la empresa que impulsa el proyecto. Green Capital S.A., registrada en Polonia bajo el número KRS 0000589101, cerró el ejercicio 2025 con ingresos por aproximadamente 8,46 millones de zlotys y costos superiores a 23,48 millones. El resultado fue una pérdida neta cercana a los 15,02 millones de zlotys, después de haber registrado una ganancia cercana a los 8,4 millones durante el ejercicio anterior.

Los datos financieros disponibles muestran además activos por unos 125,86 millones de zlotys, un patrimonio propio cercano a 26,02 millones y obligaciones y provisiones próximas a 99,85 millones. La dimensión económica propia de la sociedad está, por lo tanto, a una distancia enorme de las decenas de miles de millones de dólares con las que se promociona Atlas. La explicación está en el modelo financiero que la propia compañía reconoce: el proyecto depende de capital externo que todavía debe ser estructurado y conseguido.

Este dato prácticamente no apareció en la promoción realizada en Chubut. La discusión pública se concentró en la magnitud futura de la inversión, pero no en cuánto dinero existe hoy detrás del proyecto, quién lo comprometió y qué parte del complejo tiene efectivamente asegurado su financiamiento.

El antecedente de Green Capital en la provincia vuelve inevitable mirar esa diferencia. En febrero de 2025, Torres ya había presentado a la empresa como protagonista de otro desembarco extraordinario. Entonces se anunció una inversión superior a los US$10.000 millones para desarrollar hidrógeno verde y se habló de más de mil puestos de trabajo. Aquella promesa laboral fue uno de los principales argumentos utilizados para mostrar el proyecto como una transformación productiva para Chubut.

Un año y medio después, aquellos mil empleos no existen porque la obra industrial que debía generarlos tampoco comenzó. Y cuando se investiga qué ocurrió con aquella iniciativa aparece uno de los datos más sensibles de toda esta historia. La Agencia Polaca de Inversiones y Comercio, organismo oficial del Estado polaco que acompaña a Green Capital en Argentina desde 2022, reconoció que inicialmente trabajó con la compañía sobre su proyecto original de hidrógeno verde y que, luego de una revisión de ese concepto, continuó acompañándola durante la transición hacia el desarrollo de un centro global de datos.

La definición utilizada por el organismo polaco permite reconstruir una historia bastante diferente a la sucesión de anuncios presentada en Chubut. Primero existió un proyecto de hidrógeno verde. Ese concepto fue revisado. Después se produjo una transición hacia un data center. Por eso la pregunta ya no es solamente cuándo comenzará Atlas, sino qué ocurrió con la iniciativa anterior que había sido promocionada con más de US$10.000 millones y más de mil puestos de trabajo.

El cambio tampoco es menor desde el punto de vista laboral. El hidrógeno verde había sido presentado como una actividad industrial vinculada con plantas de producción, electrolizadores, generación energética, almacenamiento, transformación y logística. Atlas pertenece a una actividad completamente diferente, sustentada en servidores, procesadores, infraestructura eléctrica, telecomunicaciones y sistemas de refrigeración que funcionan con un alto grado de automatización.

Una obra de semejante tamaño necesitará trabajadores durante la construcción y luego requerirá personal técnico especializado para operar. Pero el dato que había sido central en 2025 desapareció ahora de la presentación: Green Capital y el Gobierno no informaron cuántos puestos de trabajo permanentes quedarán en Chubut cuando termine la etapa de construcción. La diferencia entre miles de millones invertidos y empleo estable es particularmente importante en una región que necesita actividad económica y trabajo, porque un data center puede concentrar enormes inversiones en infraestructura y tecnología sin reproducir la misma escala en cantidad de trabajadores.

A ese cambio de proyecto se suma ahora un problema que Chubut ya tiene dentro de su propia agenda institucional: el agua. El 30 de julio Torres acompañó la presentación de Atlas GigaHub en la Embajada de Polonia. El 31 de julio, su Poder Ejecutivo remitió a la Legislatura el proyecto para declarar durante un año la emergencia hídrica provincial. La medida fue sancionada el 6 de agosto sobre la base de informes técnicos que mostraban un fuerte deterioro en la disponibilidad del recurso.

Los números incorporados a esa discusión describen una situación severa. En distintos puntos de la cuenca del río Chubut se registraron durante 2025 descensos muy importantes respecto de los valores históricos utilizados como referencia. El Maitén mostró un déficit superior al 40%, Gualjaina cercano al 73%, Paso del Sapo superior al 50% y Los Altares llegó a una reducción cercana al 77%. En este último punto, los registros pasaron de valores históricos superiores a 1.300 hectómetros cúbicos anuales a alrededor de 309 durante 2025.

La crisis tampoco apareció de manera repentina a finales de julio. Informes técnicos elaborados durante 2026 con participación de organismos científicos y productivos ya venían advirtiendo sobre el déficit persistente de la cuenca del río Chubut y sobre la necesidad de fortalecer la administración del recurso. El Gobierno conocía ese escenario cuando acompañó públicamente la presentación del megaproyecto.

La emergencia hídrica introduce además una cuestión normativa que no puede quedar afuera. La Ley XVII N.º 88 de Política Hídrica de Chubut define al agua como un recurso único, escaso y vulnerable y establece que, frente a situaciones de escasez, el abastecimiento doméstico y municipal destinado a la población tiene prioridad. El Código de Aguas provincial contempla específicamente el uso industrial del agua como refrigerante y exige que cualquier concesión determine su origen, la cantidad requerida en litros por segundo, el tiempo de utilización y el destino posterior del recurso.

Ese punto tiene relación directa con Atlas porque los centros de datos necesitan eliminar de manera permanente el calor producido por los equipos. Green Capital informa que el complejo será diseñado para operar con alta densidad y refrigeración líquida, además de aprovechar las condiciones climáticas de Patagonia. La empresa publica incluso un objetivo de eficiencia energética de PUE 1,04, un dato extremadamente preciso que forma parte de la promoción tecnológica del proyecto.

Pero mientras se conoce la eficiencia energética hasta el segundo decimal, todavía no aparece públicamente una información equivalente sobre el agua. No se informó cuál será el consumo anual del complejo, qué volumen máximo podría requerir, de dónde se obtendrá el recurso, si habrá utilización de agua superficial o subterránea, cuál será el porcentaje de recirculación ni qué sistema definitivo de refrigeración será empleado.

Es ahí donde la emergencia hídrica queda directamente contrapuesta con el anuncio. No porque un data center necesariamente tenga que consumir agua potable del río Chubut, sino porque la Provincia promociona una infraestructura tecnológica de escala mundial en el mismo territorio donde reconoce oficialmente una reducción crítica del recurso y todavía no exhibe el balance hídrico que permita conocer qué demanda tendrá el proyecto.

El problema se vuelve todavía más sensible porque la emergencia contempla la utilización racional de aguas subterráneas como alternativa frente al déficit de las fuentes superficiales. Si Atlas prevé perforaciones, utilización de acuíferos o cualquier sistema de captación subterránea, será necesario conocer qué estudios hidrogeológicos existen, qué disponibilidad fue determinada y qué autorizaciones deberá otorgar el Instituto Provincial del Agua.

También merece atención la superficie territorial vinculada a la iniciativa. La Agencia Polaca de Inversiones y Comercio menciona acuerdos sobre aproximadamente 130.000 hectáreas en Chubut asociadas con los desarrollos de Green Capital. Saber qué derechos fueron constituidos sobre esas tierras, para qué proyecto fueron firmados originalmente, qué posibilidades de reconversión contemplan y si incluyen servidumbres, perforaciones, infraestructura energética o utilización de recursos hídricos forma parte de la información que todavía debe hacerse pública.

El negocio que ahora se proyecta tampoco termina necesariamente dentro de Chubut. Green Capital ha explicado que Atlas pretende vender capacidad informática principalmente a clientes de Europa y Estados Unidos. El territorio patagónico ofrece para ese esquema grandes extensiones, recurso eólico, posibilidades de generación energética y condiciones climáticas favorables para alojar infraestructura informática de alta demanda.

La pregunta económica es entonces mucho más amplia que el monto de inversión anunciado. Chubut necesita saber cuánto trabajo permanente quedará, cuántos proveedores provinciales participarán, qué impuestos pagará el proyecto, qué beneficios fiscales recibirá, qué infraestructura pública deberá acompañarlo y qué recursos naturales serán necesarios para sostener una actividad cuyo producto final será vendido principalmente fuera del país.

Green Capital pasó en poco más de un año de aparecer detrás de una promesa de hidrógeno verde con más de mil puestos de trabajo a encabezar un proyecto de inteligencia artificial mucho más automatizado. En el medio, el organismo oficial polaco que acompañó a la empresa reconoció que el concepto original fue revisado y transitó hacia el data center. Ahora la escala anunciada creció hasta los US$30.000 millones, mientras la propia compañía admite que todavía debe conseguir socios financieros y clientes capaces de respaldar el financiamiento.

A ese cuadro se agregan los resultados negativos del último ejercicio financiero de Green Capital, una capacidad patrimonial propia muy inferior a la magnitud del emprendimiento, la falta de una cifra concreta sobre empleo permanente y la ausencia pública de un balance hídrico justamente cuando Chubut acaba de declarar una emergencia por la disminución de sus caudales.

La discusión que dejó abierta Atlas no pasa entonces por otra fotografía de una inversión multimillonaria. Pasa por saber qué ocurrió con la promesa anterior, cuánto capital existe realmente detrás de la nueva, quién lo pondrá, cuántos trabajadores quedarán cuando termine la construcción y qué recursos deberá entregar Chubut para sostener el negocio.

Porque la misma empresa que llegó con más de mil puestos de trabajo prometidos vuelve ahora con un proyecto distinto, mucho más automatizado, todavía sin financiamiento cerrado y en una provincia que acaba de reconocer oficialmente que el agua se convirtió en un recurso crítico. Ese es el dato que quedó afuera de la presentación y que convierte al nuevo anuncio de Torres en algo bastante más incómodo que una foto de inversión.

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