“Es la primera vez que veo algo así”: misterio en Río Mayo por cinco equinos muertos y luces en el cielo

Tres yeguas y dos caballos aparecieron muertos en un campo ubicado a unos seis kilómetros de Río Mayo, con pérdida de ojos, lengua, orejas y otros tejidos blandos que sorprendieron incluso a quienes llevan toda una vida trabajando con animales. Francisco Quilodrán, propietario de los equinos, asegura que no encontró sangre, huellas de depredadores ni señales habituales de carroñeros. El hallazgo tomó una dimensión todavía más inquietante cuando comenzaron a aparecer testimonios de personas que, días antes, dijeron haber observado extrañas luces sobre el mismo corredor rural.
Francisco Quilodrán conoce el campo, los animales y también las marcas que puede dejar un puma después de un ataque. Por eso, cuando comenzó a encontrar muertos a sus caballos en un cuadro ubicado a unos seis kilómetros de Río Mayo, en dirección al cruce hacia Ricardo Rojas y Alto Río Senguer, su primera reacción fue buscar una explicación dentro de aquello que conoce desde siempre: la nieve, algún problema con el pasto, el agua o la acción de animales silvestres. Sin embargo, a medida que avanzó en la recorrida y comenzaron a aparecer otros cuerpos, esa primera explicación empezó a perder fuerza.

Al completar el recorrido contabilizó cinco animales muertos, tres yeguas y dos caballos adultos. Quilodrán relató al periodista Raúl Oliva, de Radio Nacional, que inicialmente creyó que una de las yeguas estaba echada porque podía estar pariendo, pero al acercarse comprobó que estaba muerta y que le faltaba un ojo. A pocos metros encontró otro animal con lesiones más extensas y comenzó a observar detalles que hasta ese momento había pasado por alto. “Es la primera vez en mi vida que veo algo así”, expresó al recordar una escena que también sorprendió a su padre y a otros trabajadores rurales a quienes posteriormente mostró las fotografías y videos.

En los caballos, según describió, la principal característica era la ausencia de un ojo, mientras que algunas de las yeguas presentaban faltantes de lengua, orejas, tejidos de la cabeza y el cuello y partes de la zona genital. Por el aspecto de determinadas superficies utilizó varias veces la comparación con una quemadura o un corte extremadamente limpio y señaló que en algunos sectores no veía restos de cuero desgarrado alrededor. “Es como que lo hubieran quemado”, explicó al intentar describir el estado de los animales y la forma en que aparecían afectados los tejidos más blandos.
“Uno se crió en el campo y sabe cómo matan los bichos”

Gran parte del desconcierto de Quilodrán surge de su propia experiencia rural. Durante la entrevista explicó que ha visto personalmente cómo un puma mata a una yegua o a un guanaco y conoce las marcas que suelen quedar sobre el cuerpo y el terreno. “Uno se crió en el campo y sabe cómo matan los bichos”, sostuvo al señalar que en estos casos no encontró arañazos, lesiones características en el cuello ni rastros alrededor de los cadáveres que le permitieran reconocer el patrón habitual de un ataque.
También dijo no haber observado indicios de zorros y le resultó particularmente extraño el comportamiento de los carroñeros. Según explicó, caranchos y peludos suelen acercarse rápidamente cuando encuentran un animal muerto, pero en estos casos no detectó señales de que hubieran estado alimentándose de los cuerpos. Incluso los perros que lo acompañaban durante las recorridas permanecieron cerca sin mostrar demasiado interés por los restos, otra situación que Quilodrán consideró fuera de lo habitual.
La aparente ausencia de sangre fue otro de los aspectos que más remarcó. Quilodrán explicó que esperaba encontrar manchas o derrames sobre el terreno en torno a zonas donde faltaban tejidos, pero aseguró que no había observado nada semejante. “Si no, la sangre queda derramada en el piso o manchada y sangre no hay nada”, relató, mientras describía algunos sectores de los animales como secos y con una apariencia que, según su experiencia, no se correspondía con una muerte reciente seguida por la acción normal de carroñeros.
Uno de los caballos apareció dentro de una acumulación de agua y esa situación inicialmente también lo llevó a considerar otras posibilidades. Quilodrán contó que su perro bebió de la misma agua sin sufrir consecuencias y que otros equinos del cuadro permanecían con vida, por lo que comenzó a descartar que todos hubieran sido afectados por una misma contaminación. También le llamó la atención que el animal encontrado en el agua no mostrara, según su experiencia, el nivel de hinchazón que esperaba después de permanecer muerto durante varios días.
Cinco animales cambiaron por completo la primera impresión
Quilodrán reconoció que al comienzo no pensó en un episodio extraordinario y que incluso dejó pasar el primer hallazgo porque creyó estar frente a una muerte natural. “Primero no le di bolilla, pensé que había muerto normal”, recordó. La percepción cambió cuando comenzaron a aparecer otros animales con características semejantes, revisó con mayor detalle los cuerpos y decidió registrar con fotografías y videos lo que estaba encontrando.
A partir de entonces comenzó a consultar a familiares, trabajadores rurales y personas vinculadas con la actividad veterinaria. Entre ellos mencionó a un joven que estudia Veterinaria, a quien envió las imágenes para que fueran compartidas con conocidos en Buenos Aires. Quilodrán relató que varias de las personas con las que habló quedaron tan sorprendidas como él y que ninguna pudo darle, en ese momento, una explicación concreta sobre el estado en que aparecieron los cinco equinos.
La difusión de las imágenes hizo que también comenzaran a llegarle relatos desde otros establecimientos. Quilodrán contó que una persona vinculada a un campo cercano a Lago Blanco le aseguró haber encontrado anteriormente ovejas y capones con faltantes en orejas, lengua y otras partes blandas. Según le manifestó, en un principio también había pensado que podían haber intervenido zorros o pumas, hasta que observó características que le resultaron extrañas.
Luces sobre el mismo corredor rural
El episodio adquirió una dimensión todavía más misteriosa cuando los mensajes comenzaron a incorporar otro elemento: luces observadas en la zona durante los días anteriores. Quilodrán relató que personas que se dirigían a trabajar a la planta de agua mineral Orizon habrían visto, entre diez y quince días antes del hallazgo, una luz inusual mientras circulaban por ese mismo corredor rural.
Según la versión que recibió, eran aproximadamente las 8:40 de la mañana y recién comenzaba a aclarar cuando los ocupantes del vehículo distinguieron algo que describieron como “una luz tipo plato, con una cola”. La observación habría durado lo suficiente como para que decidieran detenerse. “Cuando bajaron de la traffic para filmarla o sacar fotos, desapareció”, contó Quilodrán al reconstruir el relato que posteriormente llegó hasta él.
A esa experiencia se sumaron comentarios de otras personas que aseguraron haber observado durante la noche una luz intensa sobre sectores del campo y que inicialmente creyeron que podía tratarse de alguien trabajando con reflectores. Quilodrán señaló que esa posibilidad también despertó dudas porque no encontró posteriormente rastros de vehículos en el terreno que permitieran explicar de esa manera las luces observadas.
Después de publicar las imágenes recibió incluso mensajes desde Puerto Deseado. Un conocido le contó que personas que circulaban por el campo habrían tenido una experiencia cercana con una luz que descendió sobre el sector donde se encontraban. Según ese relato, uno de los hombres quedó durante varios días profundamente impactado por lo sucedido. “Me dice que esas cosas existen y que había un montón de gente que las vio”, contó Quilodrán durante la entrevista.
El propio trabajador rural recordó entonces una experiencia que hasta ese momento no había relacionado con nada extraordinario. El año pasado, contó, vio una luz de gran tamaño acompañada por varios puntos luminosos más pequeños desplazándose en el cielo. En ese momento simplemente la observó y continuó con su actividad, pero reconoció que el hallazgo de sus animales cambió la forma en que comenzó a escuchar relatos similares. “Uno ve luces y no les da bolilla, pero esta cosa que pasó con los animales me sorprendió totalmente”, afirmó.
Un misterio que ahora busca respuestas
Las fotografías y videos muestran el estado en que Quilodrán encontró a los equinos y las lesiones que despertaron el interés de quienes conocen la actividad rural. Por ahora no trascendió que los animales hayan sido sometidos a una necropsia que permita determinar con precisión la causa de muerte y el origen de los faltantes de tejido, una evaluación que podría aportar elementos decisivos para reconstruir qué ocurrió dentro de ese cuadro ubicado a pocos kilómetros de Río Mayo.
Mientras Quilodrán continúa realizando consultas, los relatos comenzaron a multiplicarse: trabajadores que dicen haber observado una extraña luz camino a Orizon, pobladores que recuerdan movimientos luminosos sobre los campos, mensajes provenientes de Puerto Deseado y el testimonio de otro trabajador rural que asegura haber encontrado animales en condiciones semejantes cerca de Lago Blanco.

