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De La Quiaca a Ushuaia en poco más de 30 días: 5.300 kilómetros, jornadas de 100 kilómetros y un desafío a los 51 años

Un riocuartense de 51 años atraviesa la Argentina de norte a sur en bicicleta, acompañado en ruta por una sola persona en moto. El proyecto comenzó el 1º de enero, acumula alrededor de 4.000 kilómetros recorridos y transita su tramo más exigente. Este martes 27 de enero el ciclista llegó a Río Mayo tras completar 105 kilómetros desde el paraje Los Tamariscos y tenía previsto continuar viaje hacia Perito Moreno, en una etapa de 130 kilómetros.

Recorrer la Argentina de punta a punta no es una imagen romántica ni una consigna motivacional. Es una sucesión concreta de kilómetros, viento en contra, rutas largas y decisiones que se toman cuando el cuerpo ya viene exigido. Sentido Norte Sur es el nombre del proyecto que encarna esa idea: atravesar más de 5.300 kilómetros desde La Quiaca hasta Ushuaia en un plazo estimado de poco más de un mes, con un promedio cercano a los 100 kilómetros diarios, sosteniendo el esfuerzo físico y mental durante casi treinta días consecutivos.

El desafío comenzó el 1º de enero y hoy tiene nombres propios. Haroldo Perrone, de 51 años, es quien realiza el recorrido en bicicleta; Jerónimo Sánchez lo acompaña en moto, cumpliendo tareas de asistencia, logística y comunicación. Ambos son oriundos de Río Cuarto y concibieron esta travesía no como una competencia deportiva ni como una aventura turística, sino como una experiencia diseñada desde el desarrollo personal y el trabajo en equipo.

“Desde el principio no lo pensé como un viaje. Para mí esto es una transformación”, explica Haroldo. “El recorrido es el medio, pero lo que realmente importa es todo lo que pasa en el proceso”.

Una idea que empezó meses antes

La historia de Sentido Norte Sur no comenzó en la ruta, sino varios meses antes. Fue en junio cuando la idea empezó a tomar forma, en un momento en el que todavía no había bicicleta ni moto. Había, en cambio, una inquietud clara: encarar un desafío físico que no estuviera atado a la lógica del alto rendimiento profesional, sino a la posibilidad de transformación personal.

Haroldo no es ciclista profesional ni proviene del mundo del ciclismo competitivo. Su vínculo con el deporte viene de años de actividad sostenida y de haber participado en competencias de atletismo. A partir de observar travesías similares y de preguntarse hasta dónde podía llevar su propio límite, comenzó a proyectar el recorrido.

“Muchas veces la edad aparece como un límite, pero en realidad es más mental que real”, reflexiona. “A los 50 años también se pueden abrir espacios nuevos y plantearse desafíos distintos”.

Jerónimo, psicólogo y coach ontológico profesional, recibió esa idea y la interpretó como algo más que una experiencia individual. “Cuando Haroldo me contó la idea no lo vi como una locura, lo vi como un proyecto”, señala. “Algo que se podía diseñar, planificar y sostener en equipo, no solo desde lo físico”.

Hasta diciembre, el plan contemplaba a tres personas en ruta. Finalmente, el proyecto se reorganizó y quedó reducido a dos integrantes. Lejos de significar una marcha atrás, ese cambio implicó una redistribución de tareas y responsabilidades que pasó a formar parte del aprendizaje del propio proceso.

“Queríamos hacerlo entre tres, hoy lo estamos haciendo entre dos”, admite Jerónimo, sin dramatizar.

Preparar el cuerpo para lo que no se puede ensayar

La preparación física fue uno de los pilares del proyecto. Desde junio hasta la partida, Haroldo fue acompañado por un entrenador físico y por un entrenador técnico de ciclismo, que trabajaron de manera conjunta con un objetivo concreto: llevar su rendimiento lo más cerca posible al de un ciclista profesional en un plazo de seis meses.

El entrenamiento incluyó trabajos de resistencia, adaptación progresiva a largas distancias y ajustes técnicos sobre la bicicleta. Sin embargo, tanto Haroldo como Jerónimo coinciden en que ningún plan puede reproducir completamente lo que ocurre en una travesía real.

“Hay cosas que no se pueden entrenar”, explica Jerónimo. “No podemos ensayar climas extremos en la ciudad ni simular lo que es hacer más de 100 kilómetros durante muchos días seguidos. La verdadera adaptación se da en la travesía”.

A ese trabajo físico se sumó el acompañamiento mental. Haroldo estuvo acompañado por una psicóloga deportiva durante los meses previos y por un coach, mientras que el proyecto contó además con el apoyo de un coach organizacional. Ese acompañamiento abordó no solo el aspecto individual, sino también el funcionamiento del equipo, la toma de decisiones y la gestión del desgaste.

La ruta como proceso de adaptación

Una vez en marcha, la travesía se convirtió en lo que el proyecto había anticipado: un proceso de adaptación permanente. El diseño logístico inicial estableció etapas y distancias, pero cada jornada obliga a revisar ese esquema en función del clima, del estado físico y de las condiciones del camino.

En la ruta, los roles están claramente definidos. Haroldo se concentra en pedalear, descansar y alimentarse. Jerónimo acompaña en moto, transporta carga, resuelve cuestiones logísticas y se ocupa de la comunicación y las redes.

“Hoy somos dos y hacemos todo dividido”, resume Jerónimo. “Haroldo se enfoca en pedalear, descansar y alimentarse. Yo me ocupo de la asistencia, la logística, llevar la carga y las redes. Las decisiones las vamos tomando día a día”.

Dormir cinco o seis horas por noche no es una excepción, sino una constante. El cansancio se acumula y obliga a tomar decisiones cada vez más finas, especialmente en el tramo patagónico.

De Los Tamariscos a Río Mayo

Este martes 27 de enero, Haroldo Perrone inició una nueva etapa desde el paraje Los Tamariscos, cercano a la localidad de Facundo, y completó un tramo de 105 kilómetros hasta arribar a Río Mayo, alcanzando alrededor de 4.000 kilómetros recorridos desde el inicio de la travesía.

La distancia cubierta se mantiene dentro del promedio diario previsto, cercano a los 100 kilómetros por jornada. Según lo planificado, alrededor de las 15:30 horas tenía previsto continuar viaje rumbo a Perito Moreno, en la provincia de Santa Cruz, distante a 130 kilómetros de Río Mayo, en otra jornada extensa.

El calendario aprieta y el cuerpo lo siente

La travesía fue pensada inicialmente para completarse entre el 1º y el 30 de enero. Este martes 27, a tres días de esa fecha, el proyecto atraviesa su instancia más exigente, con gran parte del recorrido ya completado y el desgaste acumulado marcando cada decisión.

A eso se suman las condiciones propias de la Patagonia, incluso en verano: viento persistente, lluvias intermitentes, mañanas frías, tardes de calor y cambios bruscos de temperatura.

“Venimos durmiendo cinco o seis horas por día. El cansancio se siente y los tiempos están ajustados”, reconoce Jerónimo. “Pero ese es justamente el desafío”.

En ese contexto, Haroldo hace una lectura realista del cierre del recorrido. “La idea inicial era llegar el 30, pero hoy estimo que podemos estar llegando uno o dos días después”, explica. “Lo importante es sostener el proceso y no forzar el cuerpo más allá de lo razonable”.

El sentido detrás del recorrido

La travesía es solo una de las fases del proyecto Sentido Norte Sur. El objetivo final es la realización de un documental que registre todo el proceso, desde la preparación previa hasta el desarrollo en ruta.

“El nombre no es casual”, explica Jerónimo. “La palabra sentido tiene mucho peso para nosotros. Es el porqué hacemos lo que hacemos”.

El impacto buscado es, en primer lugar, personal. La transformación es inevitable cuando el cuerpo y la mente son puestos a prueba durante tantos días consecutivos. Pero también existe una intención social e inspiracional.

“No buscamos dejar un mensaje cerrado”, concluye Jerónimo. “Pero sí creemos que todos podemos ser protagonistas de nuestra vida y diseñar nuestros propios desafíos”.

Mientras la travesía continúa hacia el sur, con Perito Moreno como próximo destino, alrededor de 4.000 kilómetros acumulados y un calendario cada vez más ajustado, Sentido Norte Sur sigue avanzando en su tramo más complejo, donde cada jornada pesa y el desafío se mide tanto en kilómetros como en decisiones.

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