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La recomposición salarial en Senguer: 4,15% sobre un sueldo que no llega ni al 20% de la canasta básica

Mientras en otros municipios las paritarias comenzaron 2026 con aumentos de entre el 10% y el 15%, en Alto Río Senguer un trabajador municipal con 15 años de antigüedad pasó de cobrar $360 mil a $375 mil. La diferencia fue de poco más de $14 mil, en una Patagonia donde la canasta básica ya supera ampliamente los $2 millones.

Los recibos salariales correspondientes a enero, febrero y marzo de 2026 permiten observar con claridad cuál fue la evolución salarial dentro del municipio durante el primer trimestre del año. En enero, el ingreso neto había sido de $374.517. En febrero cayó a $360.681. Recién en marzo volvió a ubicarse en $375.657.

Entre febrero y marzo hubo una diferencia exacta de $14.976. Llevado a porcentaje, la recomposición rondó el 4,15%. El problema aparece cuando ese porcentaje se aplica sobre salarios extremadamente bajos. Un 4% sobre ingresos que apenas superan los $360 mil tiene un impacto mínimo frente al costo de vida actual.

Incluso con la actualización de marzo, el salario continúa por debajo del 19% de una canasta básica regional. El recibo refleja además una estructura salarial limitada: un básico apenas superior a los $373 mil y adicionales bajos, entre ellos un plus por título secundario que ronda los $37 mil.

Según indicó la fuente consultada por Río Mayo 1935, para el próximo período ya estaría previsto un nuevo incremento salarial cercano al 7%. Sin embargo, dentro de los trabajadores municipales vuelve a aparecer el mismo cuestionamiento: las recomposiciones terminan definiéndose de manera unilateral entre el Ejecutivo municipal y el Concejo Deliberante, sin una discusión salarial real con representación gremial ni referencia concreta al deterioro de los ingresos actuales.

El planteo vuelve a poner el foco sobre un problema estructural dentro del municipio: los porcentajes se resuelven sobre salarios que ya vienen extremadamente deprimidos. En la práctica, incluso nuevas subas terminan teniendo poco impacto frente al costo de vida real de la Patagonia.

La discusión excede los números fríos del recibo. Porque mientras se habla de porcentajes y recomposiciones, detrás de esos salarios transcurre una vida cotidiana marcada por el ajuste permanente. Los ingresos municipales terminan absorbidos rápidamente por impuestos, servicios, alquileres, alimentos y deudas acumuladas.

En ese contexto, vecinos relataron a este medio situaciones que empiezan a repetirse dentro de la localidad. Una empleada municipal, por ejemplo, habría destinado prácticamente la totalidad de su sueldo al pago de impuestos y obligaciones pendientes apenas cobró sus haberes.

Ese circuito económico impacta también sobre la propia comunidad. El salario municipal no solo define la vida del trabajador estatal. También condiciona cuánto consumo queda en los comercios locales, cuánto dinero circula dentro del pueblo y qué posibilidades reales existen de sostener proyectos familiares o personales.

El contraste aparece rápidamente al mirar otras negociaciones salariales recientes en la región. En Sarmiento, el SOEMS cerró una recomposición acumulativa del 15% tras rechazar la oferta inicial del Ejecutivo. En Río Mayo, el acuerdo firmado entre el municipio y el SOEMRM alcanzó el 10% distribuido en distintos tramos. En Esquel, el SOEME y ZO acordó un incremento acumulativo del 11% para el primer trimestre.

En Senguer, en cambio, los números del primer trimestre muestran salarios prácticamente congelados. Entre enero y marzo, la diferencia total apenas superó los $1.100. En términos reales, el trabajador prácticamente terminó cobrando lo mismo que a comienzos de año, pero en un escenario donde los precios continuaron aumentando.

También aparece otro problema de fondo: la falta de representación gremial activa dentro del municipio. Sin una estructura sindical consolidada que impulse reclamos o negociaciones colectivas, las mejoras salariales quedan atadas casi exclusivamente a las decisiones del Ejecutivo municipal.

En ese escenario, muchos empleados atraviesan las discusiones salariales sin herramientas reales de presión ni negociación paritaria. La ausencia de organización gremial termina profundizando todavía más la fragilidad económica de los trabajadores municipales de base.

Con 15 años de antigüedad, los recibos salariales del primer trimestre terminaron reflejando algo más profundo que una simple actualización entre meses: la distancia cada vez mayor entre los ingresos municipales y la realidad económica del interior patagónico.

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