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Justicia en Aldea Apeleg: Ocho años de prisión para un hombre por un calvario de violencia y abusos

La justicia de Chubut dictó una sentencia ejemplar contra un hombre de 32 años, identificado como M.I.V., quien durante más de tres años sometió a su expareja a un régimen de terror y agresiones en la localidad de Aldea Apeleg. Tras un juicio abreviado homologado por el juez Alejandro Rosales, el acusado recibió una pena de ocho años de prisión de cumplimiento efectivo.

Un escenario de aislamiento y poder

La investigación, liderada por la fiscal general Rita Barrionuevo, logró reconstruir una trama de violencia sistemática que comenzó en marzo de 2021. El agresor no solo se valió de la fuerza física, sino que utilizó el aislamiento geográfico y social de la víctima como una herramienta de control: al no tener familiares en la Aldea, la mujer se encontraba en una situación de extrema vulnerabilidad que el condenado aprovechó para anular cualquier intento de pedido de ayuda.

A lo largo de esos tres años, el imputado incurrió en una escalada delictiva que incluyó al menos cinco episodios documentados de lesiones graves y dos hechos de abuso sexual con acceso carnal. La fiscalía destacó que el sometimiento no fue solo físico; existió una persistente violencia económica y psicológica mediante la cual el agresor buscaba asfixiar la autonomía de su pareja.

El peso de la condena

El fallo del magistrado Rosales fue contundente al declarar a M.I.V. como autor penalmente responsable de los delitos de lesiones leves agravadas por el vínculo y violencia de género, en concurso con los cargos de abuso sexual y amenazas. Todo esto, bajo el marco de la Ley de Protección Integral de la Mujer, reconociendo la gravedad de los ataques ocurridos en el último año de convivencia, entre abril de 2023 y abril de 2024.

Para resguardar la integridad de la víctima y evitar su revictimización, las autoridades mantienen la reserva de la identidad completa del condenado debido al vínculo familiar directo. Con esta sentencia de ocho años más las accesorias legales, se cierra un capítulo de impunidad en una comunidad pequeña donde, finalmente, la voz de la víctima logró ser escuchada por el sistema judicial.

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