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Los bienes de YPF y la construcción de un municipio paralelo

Ignacio Torres desembarcó en Comodoro Rivadavia para anunciar el destino de los bienes de YPF rodeado de clubes, vecinales e instituciones, pero sin convocar al Municipio. Para cuando el gobernador llegó, buena parte del arco político comodorense ya había cerrado filas en defensa de la participación de la ciudad y advertía que la Provincia avanzaba sobre decisiones que involucraban directamente su patrimonio histórico. La ofensiva provincial se produjo apenas horas después del fuerte reclamo docente que descolocó al Gobierno en Playa Unión y cambió por completo la agenda política del fin de semana.

Ignacio Torres fue a Playa Unión para subir la palanca que pondría en funcionamiento la nueva iluminación de una de las principales avenidas. La fotografía estaba preparada para mostrar gestión. Pero apenas las luces se encendieron apareció una docente. No llevaba un saludo ni un agradecimiento. Llevaba una pregunta que desacomodó todo el acto: “¿A vos te parece que yo me tengo que endeudar para comer?”. Bastaron unos minutos para que las luminarias dejaran de ser noticia y el reclamo de María Teresa Gutiérrez Prane recorriera la provincia, llegara a los medios nacionales y expusiera uno de los puntos más sensibles para cualquier gobierno: el bolsillo de los trabajadores.

La historia no terminó cuando concluyó la inauguración. Horas más tarde comenzó otro capítulo. Un medio de Comodoro difundió el salario, datos laborales y otra información personal de la docente. El reclamo quedó en un segundo plano. El foco pasó a ser quien había enfrentado al gobernador. En vez de responder por los salarios, la atención empezó a concentrarse sobre la trabajadora que había formulado la pregunta. Viejo mecanismo de la política. Viejo también su nombre: carpetazo.

Con ese clima todavía abierto, Torres llegó a Comodoro Rivadavia para poner en marcha otra agenda. El motivo formal era anunciar el destino de los bienes recuperados de YPF, aunque el movimiento político era bastante más amplio.

La reacción de Comodoro incluso se adelantó al desembarco del gobernador. Othar Macharashvili reunió a Carlos Linares, Juan Pablo Luque, Gustavo Fita, Juan Pais, Vanesa Abril, concejales, dirigentes gremiales y referentes institucionales. La fotografía buscó mostrar unidad frente a una decisión que consideraban inconsulta. Nadie discutía que los bienes debían quedar para los comodorenses. Lo que estaba en discusión era quién debía participar de esa decisión y quién tenía legitimidad para conducir ese proceso.

La imagen también tuvo un fuerte contenido político. Durante las últimas semanas varios de los dirigentes que se sentaron alrededor de esa mesa habían protagonizado diferencias públicas, cruces y hasta fuego amigo dentro del propio peronismo comodorense. Sin embargo, cuando llegó el momento de fijar una postura frente al destino de los bienes de YPF, esas diferencias quedaron momentáneamente de lado. Intendente, exintendentes, legisladores, concejales y dirigentes coincidieron en una misma mesa para enviar una señal de unidad y defender lo que consideran un interés común de Comodoro Rivadavia. La fotografía fue, en ese contexto, una respuesta política al desembarco del gobernador y al modo en que la Provincia decidió avanzar sobre una discusión que la ciudad entiende que también le pertenece.

Las declaraciones fueron subiendo de tono a medida que avanzaban las horas. Juan Pablo Luque fue el más duro. Acusó al gobernador de estar haciendo “carancheo político” con los bienes de YPF y sostuvo que la Provincia pretende sacar ventaja electoral sobre un patrimonio construido por generaciones de trabajadores petroleros. “Los bienes de YPF son de todos los comodorenses que se partieron el alma por esta ciudad y por la provincia”, insistió el exintendente al cuestionar que el Gobierno provincial avanzara sin la participación del Municipio.

Carlos Linares fue en la misma línea. Reclamó que los bienes permanezcan en manos de Comodoro y advirtió que la ciudad no puede quedar al margen de una decisión que involucra parte de su historia. Gustavo Fita llevó la discusión hacia otro terreno y volvió a preguntar qué ocurrirá con el pasivo social y ambiental que dejó la retirada de YPF. Vanesa Abril sostuvo que Comodoro debe ser parte de la discusión sobre el futuro de ese patrimonio y Juan Pais llegó incluso a plantear que la transferencia de esos bienes podría interpretarse como una forma de compensación frente a décadas de pasivos acumulados.

Aun con ese escenario planteado, Torres avanzó con su agenda. Reunió a clubes, asociaciones vecinales e instituciones, anunció que enviará un proyecto de ley para definir el destino de los bienes y eligió construir una interlocución directa con organizaciones de la comunidad sin incorporar al Municipio a esa mesa.

Los edificios quedaron casi como una excusa. La pelea empezó a pasar por otro lado. Porque los inmuebles, las tierras y buena parte del patrimonio que deja YPF están dentro de Comodoro Rivadavia y, sin embargo, el gobierno elegido por los vecinos quedó al margen de una decisión que afecta directamente a la ciudad. La Provincia comenzó a relacionarse con clubes, vecinales e instituciones como si esa intermediación alcanzara para reemplazar al gobierno municipal. De ahí empezó a instalarse una expresión que hasta hace pocos días parecía exagerada: municipio paralelo. No porque exista otra Municipalidad ni porque alguien pretenda reemplazar al intendente. La Provincia empezó a ocupar espacios políticos que históricamente pertenecían al gobierno local, dialogando directamente con instituciones, fijando prioridades, anunciando el destino de bienes públicos y construyendo una red propia de interlocutores dentro de una ciudad donde todavía no gobierna.

Del lado provincial tampoco hubo lugar para los matices. Federico Ponce defendió el acuerdo alcanzado con YPF, aseguró que los bienes serán destinados a clubes, asociaciones civiles, vecinales y familias que esperan regularizar sus tierras, y acusó a quienes gobernaron Comodoro durante los últimos años de querer recuperar el control de un patrimonio que, según afirmó, ahora debe quedar directamente en manos de la comunidad. Torres ratificó esa posición y decidió sostener la ofensiva política aun sabiendo que enfrente ya tenía reunido a casi todo el arco dirigencial de la ciudad.

Loma Ávila volvió a Comodoro como si nada hubiera pasado. Venía de sacudirse como gallina con tierra después de haber quedado pegado al blindaje político de Adorni al no acompañar el quórum que buscaba avanzar con su interpelación en el Congreso. Mientras esa discusión todavía dejaba consecuencias en la escena nacional, el senador petrolero reapareció poniendo la sede del Sindicato del Petróleo y Gas Privado como escenario del acto encabezado por Torres. No fue solamente prestar un salón. Fue aportar estructura política y territorial a una estrategia que busca consolidar presencia en la ciudad más importante de la provincia.

Todo ocurrió mientras seguían abiertos otros frentes que venían desgastando al Gobierno provincial. El caso Raidan continuaba generando repercusiones políticas. En la Legislatura seguía la discusión sobre la cobertura de cargos judiciales y el sistema de designación de jueces laborales. La investigación sobre la pauta oficial mantenía vigente un debate incómodo sobre la relación entre el poder político y buena parte del sistema de medios. Sin embargo, el conflicto por los bienes de YPF pasó a ocupar el centro de la escena.

Las redes sociales mostraron otra realidad. Mientras una parte importante de los medios concentraba su cobertura en el acuerdo con YPF, seguían circulando el reclamo docente, las críticas al Gobierno, los cuestionamientos por la pauta oficial y otros temas que difícilmente encontraban la misma visibilidad en la agenda tradicional. Dos conversaciones convivieron durante el mismo fin de semana. Una impulsada desde el poder político. La otra sostenida por la dinámica de las redes y por la reacción de la propia sociedad.

El destino de los bienes de YPF terminará resolviéndose donde corresponda institucionalmente. El antecedente político, en cambio, ya quedó instalado. Cuando un gobernador desembarca en una ciudad, reúne instituciones, anuncia decisiones sobre bienes emplazados dentro de su ejido y deja al Municipio mirando desde afuera, deja de discutirse solamente el patrimonio de una petrolera. Empieza a discutirse quién conduce políticamente ese territorio y hasta dónde puede avanzar la Provincia sin reconocer al gobierno que eligieron sus propios vecinos. Ese es el verdadero debate que dejó abierto este fin de semana político en Chubut.

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