Argentina lidera la morosidad en América Latina y la crisis de pagos ya alcanza a familias y empresas
El país registra el mayor nivel de créditos bancarios en situación irregular entre 16 economías de la región. La mora llegó al 7,3% en marzo y continuó creciendo hasta el 7,6% en junio. El deterioro también se siente en la industria, donde más de 4.200 empresas presentan problemas para cumplir con sus obligaciones financieras.
Argentina quedó al frente del ranking regional de morosidad bancaria y los últimos datos disponibles muestran que el deterioro no se concentra únicamente en los hogares, sino que comienza a atravesar con mayor intensidad al sector productivo. Según información de la Federación Latinoamericana de Bancos, en marzo de 2026 el 7,3% de la cartera crediticia argentina se encontraba en situación irregular, el porcentaje más elevado entre los 16 países analizados y muy por encima del promedio regional, ubicado en torno al 2,8%.
La diferencia con el resto de América Latina es significativa. Brasil aparecía en segundo lugar con una mora del 4,3%, mientras que Colombia se ubicaba alrededor del 3,7%. El caso argentino resulta todavía más llamativo porque el país mantiene uno de los niveles de crédito al sector privado más bajos de la región: los préstamos representan aproximadamente el 14,3% del Producto Bruto Interno, frente a un promedio latinoamericano cercano al 47%. Es decir, Argentina posee un sistema crediticio relativamente pequeño, pero registra al mismo tiempo el mayor porcentaje de incumplimientos.
Los datos posteriores del Banco Central muestran que la situación siguió deteriorándose. En junio, la irregularidad del sistema financiero alcanzó el 7,6%, con una fuerte incidencia de los préstamos otorgados a las familias, cuya mora llegó al 12,8%. Entre las empresas, el porcentaje se ubicó en el 3,5%, aunque algunas actividades productivas muestran indicadores incluso superiores.
La industria es uno de los sectores donde el crecimiento de los incumplimientos resulta más evidente. Un informe de la Unión Industrial Argentina señaló que la mora industrial alcanzó el 3,8% durante junio, cuando en diciembre de 2024 se encontraba en apenas 0,7%. En un período de aproximadamente un año y medio, el indicador se multiplicó más de cinco veces.
De acuerdo con el relevamiento empresario, alrededor de 4.231 industrias mantienen actualmente algún nivel de irregularidad en sus créditos bancarios, una cifra equivalente aproximadamente al 12% de las empresas industriales con deuda dentro del sistema financiero. El monto total de financiamiento bancario otorgado a la industria ronda los 25 billones de pesos, de los cuales cerca de 968 mil millones corresponden a obligaciones clasificadas como irregulares.
Uno de los datos más sensibles del informe es que cerca del 80% de las empresas industriales que actualmente presentan problemas de pago venían cumpliendo normalmente con sus compromisos. Esto indica que buena parte de la mora no corresponde a empresas que arrastraban dificultades estructurales, sino a firmas que comenzaron a deteriorar su capacidad de pago durante los últimos meses.
La tensión también comienza a observarse fuera del sistema bancario. En el último relevamiento de la UIA, el 47% de las industrias consultadas reconoció haber registrado atrasos en alguno de sus principales pagos. El 34% tuvo dificultades para cumplir con impuestos, el 32% acumuló demoras con proveedores y el 25% reconoció atrasos en compromisos financieros.
El problema, por lo tanto, excede el aumento de los créditos impagos. Los datos muestran una presión creciente sobre la cadena de pagos de la economía, donde familias, comercios y empresas deben afrontar simultáneamente obligaciones financieras, impuestos, proveedores y costos operativos en un contexto de financiamiento más restringido.
Argentina enfrenta así una combinación poco habitual dentro de América Latina: mantiene uno de los niveles de crédito más reducidos en relación con el tamaño de su economía y, al mismo tiempo, encabeza el ranking regional de morosidad. El crecimiento de los incumplimientos durante los últimos meses y su avance sobre sectores productivos comienzan a convertirse en una señal de alerta que ya no puede explicarse únicamente por el endeudamiento de los hogares.
