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“¿Por qué no hay trabajo? Porque hay un Estado gigantescamente caro para el comerciante”

El candidato a intendente de Trelew Federico Massoni vinculó la falta de empleo con la presión fiscal y el aumento de costos en plena recesión. En un contexto donde el Estado dejó de traccionar la economía —con fuerte caída de la obra pública y del consumo— apuntó al peso municipal y provincial como un factor que, lejos de aliviar, termina profundizando la crisis. En paralelo, su discurso gana volumen en una semana donde distintas encuestas lo ubican en crecimiento frente al actual intendente Gerardo Merino.

En medio de un escenario económico contractivo, donde la actividad comercial se retrae y el consumo cae de manera sostenida, Massoni instaló una lectura que corre el eje del debate: el problema no es solo la falta de dinero en la calle, sino también el nivel de carga que el Estado impone sobre quienes generan empleo.

“¿Por qué no hay trabajo? Porque son muchos los factores comunes. Un Estado gigantescamente caro para el comerciante”, sostuvo en sus redes sociales, en una definición que sintetiza su posicionamiento económico y político.

El planteo se da en un momento donde el Estado, históricamente motor de la economía a través de la obra pública y el gasto, muestra un claro retroceso. La paralización de obras, la caída del circulante y el enfriamiento general de la actividad impactan de lleno en ciudades como Trelew, donde el comercio depende en gran medida del movimiento interno.

En ese marco, Massoni pone el foco en el sector privado como único generador real de empleo. “¿El comerciante qué es? El que te da por lo general empleo genuino. El empresario, el emprendedor… dependen de ellos mismos, no de nadie más”, afirmó. Y marcó una diferencia con otras lógicas: “No toman gente porque seas amigo o militante, sino porque tienen una necesidad concreta de trabajo”.

La crítica se vuelve más directa cuando apunta a la estructura estatal. “¿Cómo hago para que el comerciante tenga oportunidades? Bajándole los costos. No los costos de ellos solamente: bajale los costos que le impone el Estado”, planteó.

Ese señalamiento aparece en un contexto donde municipios y provincias, presionados por la caída de ingresos, sostienen o incluso incrementan tasas, contribuciones y exigencias administrativas. Para el dirigente, ese esquema no solo no resuelve el problema fiscal, sino que lo agrava al impactar sobre la actividad económica.

“Esos costos piratas que tiene el Estado municipal, bajáselos”, insistió, trasladando la discusión directamente al nivel local. Y sumó un componente político que atraviesa su discurso: “No lo bajan porque tienen un ejército atrás: militantes, amigos, familiares. ¿Y quién mantiene eso? No lo mantiene el funcionario. Lo mantiene el comerciante, el empresario, el que paga”.

Las declaraciones se inscriben en un escenario donde la recesión no solo se explica por la falta de consumo, sino también por una estructura de costos que, según esta mirada, desalienta la inversión y limita la generación de empleo. Menos actividad, más presión fiscal y menor capacidad de sostener puestos de trabajo conforman un círculo que empieza a sentirse con fuerza en el entramado comercial.

Con ese posicionamiento, y en paralelo a su crecimiento en el escenario electoral, Massoni busca capitalizar una agenda que combina economía cotidiana, presión impositiva y crítica al funcionamiento del Estado. Una agenda que, en una ciudad golpeada por la caída de la actividad, empieza a definir el tono de la discusión política.

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