“Mi función como Coordinador Médico comenzó progresivamente a perder contenido real”

El Dr. Luis Ricardo Monteiro Melo expuso en su carta de renuncia un progresivo desgaste laboral e institucional, la intervención previa de las autoridades sanitarias provinciales, problemas administrativos y un grave episodio de violencia ocurrido dentro del Hospital Rural de Alto Río Senguer. El documento también revela las consecuencias que la situación tuvo sobre la salud de la Dra. Jéssica Santana y confirma que ambos profesionales tenían la intención de radicarse y continuar trabajando en la localidad.
En los últimos días, el conflicto institucional del Hospital Rural de Alto Río Senguer tomó estado público a raíz de las publicaciones realizadas por los médicos renunciantes, los comunicados difundidos por la Dirección del establecimiento y las respuestas emitidas por parte del personal del hospital.
En este contexto, Río Mayo 1935 tuvo acceso en exclusiva a la carta completa de renuncia presentada por el Dr. Luis Ricardo Monteiro Melo, un documento de cuatro páginas dirigido al director del Hospital Rural de Alto Río Senguer, Ángel Martín, y al Área Programática Comodoro Rivadavia del Ministerio de Salud del Chubut, que permite conocer con mayor profundidad las circunstancias que motivaron su alejamiento del establecimiento sanitario junto al de su pareja, la Dra. Jéssica Santana.
En el escrito, fechado el 4 de julio de 2026, Monteiro comunica su renuncia indeclinable como médico y Coordinador Médico del hospital y aclara que la decisión no respondió a un hecho aislado ni impulsivo, sino al resultado de un proceso progresivo y sostenido de desgaste laboral, institucional y personal que se fue desarrollando durante los últimos meses y que culminó con un grave episodio de violencia ocurrido dentro del ámbito hospitalario.
La intervención del Área Programática y el desgaste institucional
Según relata el profesional en la nota presentada ante las autoridades sanitarias, las diferencias con la actual Dirección del hospital comenzaron tiempo atrás y llegaron a motivar la intervención del Área Programática Comodoro Rivadavia, cuyos representantes se trasladaron hasta Alto Río Senguer con el propósito de escuchar a las partes, propiciar el diálogo y procurar que los desacuerdos pudieran ser superados. Aun así, decidió continuar desempeñando sus funciones con profesionalismo y buena predisposición, entendiendo que este tipo de situaciones pueden presentarse en cualquier ámbito laboral y confiando en que el diálogo permitiría restablecer una adecuada dinámica institucional.
Sin embargo, sostiene que la situación no mejoró y que, con el paso del tiempo, comenzó a quedar progresivamente excluido de las funciones propias de la coordinación médica. En su presentación afirma que su función como Coordinador Médico comenzó a perder contenido real, ya que dejó de participar de la planificación de actividades sanitarias, campañas de promoción y prevención de la salud, rondas sanitarias y otras acciones comunitarias que formaban parte de sus responsabilidades. También asegura que dejó de ser informado sobre la llegada de especialistas itinerantes, como pediatras, bioquímicos y fonoaudiólogos, información que considera fundamental para organizar derivaciones, coordinar la atención médica y garantizar el adecuado seguimiento de los pacientes.
El médico también cuestiona decisiones vinculadas con el funcionamiento cotidiano del establecimiento, entre ellas modificaciones en los horarios de atención, restricciones para la asistencia de pacientes y cambios organizativos que, según manifiesta, fueron adoptados sin instancias de diálogo ni participación del equipo médico. Incluso sostiene que en reiteradas oportunidades las respuestas obtenidas frente a sus planteos se limitaban a invocar la autoridad del cargo directivo como único fundamento de las decisiones adoptadas.
La carta pone además de manifiesto la elevada carga laboral asumida por el equipo médico durante gran parte del año. Monteiro afirma que desde enero y hasta fines de mayo el funcionamiento asistencial del hospital fue sostenido prácticamente por dos médicos, quienes realizaron guardias de 24 horas de manera casi permanente para garantizar la cobertura sanitaria de la comunidad. Recién con la incorporación de un nuevo profesional comenzó a aliviarse parcialmente esa situación.
A ello se sumaron inconvenientes administrativos vinculados con la atención de pacientes afiliados a PAMI. En su presentación sostiene que continuó realizando consultas, controles, recetas y demás prestaciones necesarias para garantizar la asistencia de esos pacientes, aunque hasta la fecha de su renuncia no había percibido la remuneración correspondiente por dichas prestaciones. Según explica, decidió mantener la atención porque entendía que los pacientes no podían quedar sin cobertura médica por cuestiones administrativas.
El punto de quiebre llegó con un grave episodio de violencia ocurrido durante la internación de un paciente. Monteiro relata que una familiar profirió amenazas y agresiones físicas y verbales contra el personal médico, situación que motivó la correspondiente denuncia formal. Según expone en el documento, ese hecho terminó de profundizar un desgaste que se venía acumulando desde hacía meses y precipitó una decisión que ya venía siendo evaluada.
“Nuestra intención era quedarnos”

Según publicaciones oficiales del propio Hospital Rural de Alto Río Senguer, el Dr. Luis Ricardo Monteiro Melo y la Dra. Jéssica Santana fueron presentados oficialmente como integrantes del equipo médico del establecimiento el 14 de marzo de 2025. Poco más de un año después, ambos terminaron alejándose de la institución en medio de un conflicto que, según sostienen, llevaba varios meses sin resolverse.
En diálogo con Río Mayo 1935, la Dra. Jéssica Santana confirmó que las autoridades sanitarias provinciales ya estaban al tanto de la situación mucho antes de que se produjeran las renuncias. Según explicó, representantes del Hospital Regional y del Área Programática habían viajado en más de una oportunidad a Alto Río Senguer para interiorizarse de los problemas existentes e intentar intervenir ante los reiterados conflictos con la Dirección del establecimiento. En esas reuniones, aseguró, se plantearon cuestiones vinculadas al maltrato hacia el personal, el desgaste laboral y las dificultades que debían afrontar diariamente quienes trabajaban en el hospital. Sin embargo, sostiene que con el paso del tiempo nada cambió y que los problemas continuaron.
La médica afirmó que la decisión tomada junto a Ricardo Monteiro fue el resultado de muchos meses de desgaste acumulado y no una reacción impulsiva frente a un hecho puntual. De hecho, asegura que ambos tenían la intención de radicarse en Alto Río Senguer y desarrollar allí un proyecto de vida y profesional. Según relató, cuando llegaron a la localidad compraron muebles, utensilios y todas sus pertenencias con el propósito de instalarse y permanecer en el pueblo, convencidos de que podían construir una etapa importante de sus vidas en la comunidad.
Esa intención, sostiene, quedó reflejada en las cinco notas que presentaron solicitando el pase a planta permanente para continuar trabajando en el hospital. Para Santana, ese dato demuestra que el deseo de ambos nunca fue abandonar sus cargos ni alejarse de la localidad, sino seguir formando parte del sistema de salud y aportar al crecimiento del hospital y de la comunidad.
La profesional también fue enfática al diferenciar a los vecinos de Alto Río Senguer del conflicto institucional que describen. Según manifestó, con el tiempo comprendieron que el problema no era la comunidad, ya que siempre recibieron apoyo, respeto y reconocimiento por parte de los habitantes de la localidad. Por el contrario, sostiene que las mayores dificultades se encontraban dentro de la propia institución y que esa situación terminó haciendo imposible la continuidad laboral de ambos.
Santana denunció además que, después de presentar las renuncias, comenzaron a recibir consultas e insinuaciones respecto de supuestos elementos pertenecientes al hospital que habrían sido retirados por la pareja. Según explicó, se les preguntó por platos, cubiertos, cuchillos e incluso por un sommier, situación que calificó como vergonzosa y que atribuyó a una actitud persecutoria. Asegura que cuando llegaron a la localidad compraron absolutamente todo con recursos propios porque su intención era establecerse en el pueblo y que los únicos elementos prestados por el hospital fueron dos platos y dos juegos de cubiertos, los cuales fueron devueltos oportunamente.
La médica también confirmó que el grave episodio de violencia ocurrido dentro del hospital tuvo consecuencias directas sobre su salud. Según explicó, desarrolló un cuadro ansioso-depresivo que requirió asistencia psicológica y psiquiátrica especializada, situación que derivó en una licencia laboral y que terminó haciendo imposible continuar desempeñando sus funciones en las condiciones existentes. Ese aspecto coincide con lo expuesto por Monteiro en la carta de renuncia presentada ante el Ministerio de Salud.
Finalmente, Santana aseguró que, pese a las dificultades atravesadas y a los problemas administrativos existentes, nunca dejaron de priorizar a los pacientes. Incluso relató que durante la última semana antes de su partida, Ricardo Monteiro atendió a más de cincuenta personas en consultorio para garantizar que todos contaran con sus recetas, tratamientos y medicación correspondiente antes de la salida de ambos profesionales.
La médica sostuvo que la mayor tristeza que les deja esta situación no es haberse ido de Alto Río Senguer, sino sentir que todavía tenían mucho por aportar a la comunidad y que las circunstancias terminaron impidiéndoles continuar acompañando a una población que, según destacó, siempre los recibió con cariño, respeto y confianza.
Más allá de las publicaciones difundidas en los últimos días, la documentación y los testimonios a los que accedió Río Mayo 1935 permiten advertir que el conflicto institucional que atraviesa el Hospital Rural de Alto Río Senguer posee antecedentes que se remontan a varios meses atrás y que, según sostienen ambos profesionales, terminó haciendo imposible su continuidad en la institución pese a su intención inicial de permanecer en la localidad y desarrollar allí su carrera profesional.
La advertencia a otros médicos y el descargo del personal del hospital
La situación también generó repercusiones fuera del ámbito institucional. Tras presentar sus renuncias, los profesionales realizaron una publicación en un grupo de ofertas laborales destinado a médicos de todo el país, en la que advirtieron a otros colegas sobre las condiciones laborales y de funcionamiento del Hospital Rural de Alto Río Senguer.
En el mensaje señalaron que no recomendarían aceptar un cargo en el establecimiento sanitario, al considerar que durante su permanencia se encontraron con un ambiente laboral hostil, conflictos constantes, falta de respeto hacia los profesionales y una gestión que, desde su punto de vista, carecía del profesionalismo necesario para conducir una institución de salud. También hicieron referencia a deficiencias asistenciales y cuestionaron la relación entre la carga laboral asumida y la remuneración percibida.
La publicación motivó la respuesta de parte del personal del Hospital Rural de Alto Río Senguer, que difundió un comunicado manifestando su rechazo a los dichos de los médicos renunciantes. En el texto sostienen que ese tipo de mensajes perjudican la imagen de la institución, afectan a los pacientes y pueden desalentar la llegada de nuevos profesionales de la salud.
Asimismo, el descargo señala que Ricardo Monteiro y Jéssica Santana dejaron conflictos institucionales que el personal continúa intentando resolver y afirma que siempre se les brindaron las herramientas y el acompañamiento necesarios para el desarrollo de sus tareas. Finalmente, solicitaron a la comunidad reportar la publicación difundida en redes sociales.
