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Murió en Italia el padre Romano Allasia, el sacerdote que hizo de la Patagonia su hogar durante 57 años

Llegó desde Italia siendo un joven voluntario y terminó haciendo de la Patagonia el centro de su vida. En Sarmiento encontró su vocación sacerdotal, acompañó el nacimiento y crecimiento de la Escuela Agraria y se convirtió en una referencia para generaciones enteras; más tarde extendió su tarea a Río Mayo y a las pequeñas comunidades del sudoeste chubutense, recorriendo pueblos, capillas rurales y parajes donde su presencia quedó asociada a la fe, la educación y el acompañamiento cotidiano de las familias.

La muerte del padre Romano Allasia provocó este sábado numerosas expresiones de pesar en Sarmiento y en distintas localidades del sudoeste de Chubut, donde durante décadas desarrolló una tarea pastoral que fue mucho más allá de las paredes de una parroquia. Fotografías, recuerdos familiares y mensajes de despedida comenzaron a multiplicarse en las redes sociales apenas se conoció la noticia de su fallecimiento en Italia, país al que había regresado después de pasar casi seis décadas en la Patagonia.

Allasia falleció a las 19:10, hora italiana, según comunicaron personas que mantuvieron contacto cercano con él durante sus últimos años. Tenía 86 años y desde marzo de 2023 residía nuevamente en su país natal, después de que los problemas de salud comenzaran a limitar una actividad que había sostenido durante buena parte de su vida entre ciudades, pueblos, establecimientos rurales y pequeñas capillas del sur chubutense.

Había nacido el 4 de diciembre de 1939 en Savigliano y era oriundo de Villafalletto, en la provincia italiana de Cuneo. Provenía de una familia ligada al trabajo rural y su infancia estuvo atravesada por los años de la Segunda Guerra Mundial. En su juventud había pensado incluso en África como posible destino misionero, aunque finalmente fue otro extremo del mundo el que terminó marcando su historia personal.

El 4 de febrero de 1966 llegó a Sarmiento con 26 años. No era sacerdote, sino un voluntario laico que se incorporó al trabajo que la misión italiana desarrollaba en la región junto al padre Giovanni Pettiti y religiosas provenientes de Fossano. Sus primeros años estuvieron especialmente vinculados con los jóvenes y con el movimiento scout, en una etapa que terminaría siendo decisiva para una vocación religiosa que fue tomando forma mientras conocía la realidad de la Patagonia.

Sarmiento no terminó siendo para Romano un destino transitorio. Fue allí donde maduró su decisión de convertirse en sacerdote y donde comenzó a construir los vínculos que lo acompañarían durante el resto de su vida. Después de años de trabajo comunitario fue ordenado sacerdote el 17 de octubre de 1981 dentro de la Diócesis de Comodoro Rivadavia, cuando ya conocía de cerca las distancias, las dificultades y la forma de vida de las pequeñas comunidades del interior.

Uno de los capítulos más importantes de aquellos primeros años estuvo ligado a la Escuela Agraria de Sarmiento. El establecimiento abrió sus puertas en abril de 1970 con apenas 20 alumnos y había sido pensado para jóvenes provenientes de establecimientos rurales y poblaciones alejadas que tenían enormes dificultades para continuar sus estudios. Allasia formó parte del grupo que acompañó aquella experiencia junto a Giovanni Pettiti, Giuseppe Piumatti y otros integrantes de la misión.

Para muchos de aquellos estudiantes, estudiar significaba permanecer durante meses lejos de sus familias. Romano colaboró especialmente en su integración con hogares de Sarmiento y en el acompañamiento cotidiano de chicos que llegaban desde lugares separados por cientos de kilómetros. Muchos años después, al recordar desde Italia las experiencias más significativas de su paso por la Patagonia, seguía colocando a la Escuela Agraria entre las obras que habían dejado una marca especial en su vida.

Después de su ordenación, Río Mayo adquirió un lugar central dentro de su tarea sacerdotal. Allasia estuvo al frente de la comunidad católica de la localidad y su nombre quedó ligado a la historia de la Parroquia San Miguel Arcángel, desde donde la actividad pastoral se extendía hacia un territorio enorme, con poblaciones pequeñas, familias rurales y capillas a las que no siempre podía llegar un sacerdote con regularidad.

Ese trabajo explica también por qué su recuerdo quedó repartido en buena parte del sudoeste chubutense. Alto Río Senguer, Facundo, Ricardo Rojas, Aldea Beleiro, Lago Blanco y otros pueblos y parajes integraban una región donde las distancias condicionaban cualquier actividad y donde una misa, un bautismo o una celebración patronal podían requerir varias horas de viaje por caminos de ripio.

El propio Romano contó muchos años después que había fines de semana en los que recorría alrededor de 600 kilómetros entre sábado y domingo para poder llegar a distintas capillas y comunidades. En esos viajes conoció profundamente la vida de las familias rurales y mantuvo un contacto permanente con pobladores de lugares pequeños, algunos de ellos descendientes de pueblos originarios, de quienes también decía haber aprendido durante sus años en la Patagonia.

Su presencia quedó documentada además en encuentros religiosos que reunían a fieles de diferentes localidades. Uno de los más recordados fue la tradicional peregrinación a la Puerta de la Virgen, donde convergían vecinos de Sarmiento, Río Mayo, Alto Río Senguer, Facundo, Buen Pasto y otros puntos del interior. Fotografías de aquellas jornadas muestran a Allasia participando de las celebraciones frente a una multitud reunida alrededor del santuario.

Dentro de aquella extensa geografía pastoral también tuvo relación con las celebraciones que se realizaban hacia la zona fronteriza de Aldea Beleiro y El Triana, donde argentinos y chilenos mantuvieron durante décadas encuentros religiosos vinculados con la convivencia y la paz entre ambos países. Ese recorrido hacia la frontera formaba parte de una tarea sacerdotal marcada por los kilómetros y por la necesidad de llegar a comunidades que permanecían gran parte del año alejadas de los principales centros urbanos.

En 1993, después de la partida del padre Giovanni Pettiti, Romano Allasia asumió como párroco de Santa Teresita del Niño Jesús de Sarmiento. Para entonces llevaba casi tres décadas en la Patagonia y había dejado de ser solamente el sacerdote de una comunidad para convertirse en una figura conocida por generaciones enteras de familias, a las que acompañó en bautismos, comuniones, casamientos, enfermedades, pérdidas y otros momentos importantes de la vida cotidiana.

También continuó vinculado al movimiento scout, una de las actividades que habían marcado sus primeros años como voluntario. Esa relación con los jóvenes se mantuvo a lo largo del tiempo y terminó uniendo distintas etapas de su historia, desde el muchacho italiano que llegó a Sarmiento sin ser sacerdote hasta el párroco que décadas después seguía participando de actividades comunitarias junto a niños y adolescentes.

Uno de los episodios más duros de su vida ocurrió en abril de 2009, cuando fue atacado dentro de la vivienda parroquial. Los delincuentes lo golpearon, lo inmovilizaron y escaparon después de robar dinero, mientras que las lesiones sufridas obligaron posteriormente a trasladarlo a Comodoro Rivadavia para recibir atención médica.

Su reacción frente a aquella agresión terminó quedando grabada entre quienes lo conocieron. Allasia manifestó públicamente que perdonaba a quienes lo habían atacado y que no guardaba rencor, una respuesta que tuvo una fuerte repercusión en Sarmiento y que muchos años después continuó apareciendo entre los recuerdos asociados a su forma de ejercer el sacerdocio.

Con el paso del tiempo su salud comenzó a limitar algunas de sus actividades, aunque siguió manteniendo un vínculo cercano con la comunidad. En 2022, durante el aniversario de Sarmiento, la Municipalidad reconoció formalmente su trayectoria y lo distinguió como ciudadano ejemplar por su trabajo, solidaridad y dedicación durante décadas.

En marzo de 2023 regresó definitivamente a Italia después de 57 años de vida en la Patagonia. Se instaló en la Casa del Clero de Fontanelle, dentro de su diócesis de origen, aunque la distancia no interrumpió los vínculos construidos durante más de medio siglo con personas de Sarmiento, Río Mayo y otras localidades de la región.

La noticia de su fallecimiento generó este sábado numerosas despedidas en las redes sociales. Feligreses, antiguos alumnos, familias y vecinos comenzaron a compartir fotografías y recuerdos de distintas etapas de su vida, desde los primeros tiempos de la Escuela Agraria y el movimiento scout hasta sus años como sacerdote en Río Mayo, su tarea en Santa Teresita y aquellas largas recorridas por el interior.

“Mi padre espiritual, mi paciente, mi amigo padre Romano Allasia. No hay palabras que puedan amedrentar este dolor. Toda tu gente de Sarmiento te agradecemos lo que has hecho por nosotros y te elevamos un rezo al cielo”, expresó una de las personas que mantuvo una relación cercana con él y que comunicó su fallecimiento desde las redes sociales.

Otras expresiones recuperaron al sacerdote que conocía personalmente a las familias, al que viajaba kilómetros para llegar a una pequeña comunidad, al que acompañaba a los estudiantes que llegaban del campo y al que durante décadas formó parte de celebraciones, peregrinaciones y momentos privados de varias generaciones. Esa diversidad de recuerdos ayuda a entender por qué su muerte tuvo repercusión mucho más allá de Sarmiento.

Romano Allasia había nacido en Italia y allí transcurrieron también sus últimos años, pero la mayor parte de su vida quedó unida a la Patagonia. Sarmiento fue el lugar donde comenzó aquella historia y donde encontró su vocación, mientras que Río Mayo, la Escuela Agraria, los caminos rurales, la Puerta de la Virgen y las pequeñas comunidades del sudoeste chubutense terminaron formando parte de un recorrido de 57 años que quedó guardado en la memoria de toda una región.

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