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Aumenta en Comodoro y se siente en Río Mayo: así se mueven los precios de la comida

Un relevamiento del Observatorio de Economía de la UNPSJB detectó que solo el 10% de los productos de la canasta básica aumentó en la última semana en Comodoro Rivadavia, pero lo hizo con un promedio del 27% y picos que superan el 60% en alimentos esenciales. En Río Mayo, donde el abastecimiento depende de ese mercado, el traslado es directo y suele llegar con un costo adicional, amplificando el impacto en el consumo diario.

La primera lectura del dato puede engañar. No hubo un aumento generalizado en todos los productos y la gran mayoría de los precios se mantuvo sin cambios, pero el problema no está en cuántos productos subieron sino en cuáles y cuánto. El propio director del Observatorio de Economía, César Herrera, lo sintetizó con claridad: “Aumentaron el 10% de los artículos de la canasta básica, pero lo hicieron con un promedio del 27%”, explicó en diálogo exclusivo con Río Mayo 1935.

Cuando se mira el detalle, aparecen siempre los mismos nombres: harina, yerba, fideos, galletitas. Es decir, lo que está todos los días en la mesa, lo que no se puede dejar de comprar y lo que sostiene la alimentación cuando el bolsillo no alcanza. Ahí es donde el promedio empieza a quedarse corto, porque dentro de ese 27% hay casos que se disparan muy por encima, con subas del 50%, del 60% y hasta cerca del 70% en algunos productos.

Si uno ordena los números, aparece algo más claro todavía: los precios no se movieron todos igual, sino que se comportaron en distintas velocidades. Por un lado, hay productos que casi no se movieron o subieron poco, por debajo del 20%, generalmente artículos donde el consumo es más sensible al precio o donde existe mayor competencia en góndola.

Después aparece el grueso de los productos, con aumentos entre el 25% y el 35%, que es el ajuste más general y el que explica el promedio del 27% que menciona el Observatorio. Este comportamiento responde a actualizaciones de precios en bloque vinculadas a reposición y costos dentro de un mismo sistema de abastecimiento.

Pero por encima de ese nivel aparece el grupo más problemático: productos que se dispararon por encima del 40%, del 50% y en algunos casos más del 60%, y que vuelven a coincidir con alimentos básicos. Es en este punto donde el propio informe introduce el concepto de “sobrerreacción”, ya que no existe un costo que haya subido en una semana lo suficiente como para explicar aumentos de esa magnitud.

El director del Observatorio, César Herrera, lo describió sin rodeos: “El impacto real es bajo, pero recién comienza”, señaló en diálogo exclusivo con Río Mayo 1935, y precisó que, en términos generales, la suba semanal ronda “cerca del 1%” sobre el total de la canasta. Sin embargo, al referirse a los aumentos más fuertes, fue más directo: “Esa es la sobrerreacción: por las dudas aumentan los costos… aumentamos. Después vemos si los consumidores convalidan esos precios y, si no, bajamos”.

Parte de la explicación también está en cómo se mueve el consumo en contextos de crisis, donde la gente deja de comprar lo que puede postergar, pero sostiene lo esencial. La yerba, la harina y los alimentos básicos mantienen una rotación constante, lo que hace que los aumentos se trasladen más rápido y, en algunos casos, con mayor intensidad.

Si en Comodoro eso ya genera tensión, en Río Mayo la situación se vuelve más compleja, porque la localidad no forma precios, sino que los recibe. Gran parte del abastecimiento llega desde la ciudad petrolera, lo que implica que cada aumento ya viene incorporado al producto antes de llegar.

A eso se le suma el costo logístico: transporte, combustible y menor escala de consumo, factores que terminan empujando aún más los precios en destino. De esta manera, el mismo producto que ya subió fuerte en origen llega con un nuevo ajuste encima, profundizando el impacto en el bolsillo.

Por eso, aunque el dato del 10% pueda parecer menor en términos estadísticos, en la práctica no lo es, porque ese porcentaje incluye justamente los productos esenciales. Y cuando lo esencial sube fuerte, el promedio deja de ser una referencia útil para entender lo que realmente pasa en la mesa cotidiana.

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