CARTA ABIERTA A CAMUZZI, AL GOBIERNO NACIONAL Y A LOS GOBIERNOS DE CHUBUT, NEUQUÉN Y RÍO NEGRO
Me dirijo a ustedes como una persona común, vecina de esta región, que no puede seguir observando en silencio cómo miles de familias siguen postergadas en algo tan elemental como el acceso al gas natural.
Tengo gas en mi casa. Lo digo con claridad, porque no reclamo por una necesidad personal inmediata. Reclamo por convicción, por empatía y porque estoy convencido de que el acceso a los servicios básicos no puede depender de la suerte ni del momento en que a uno le tocó hacer una conexión.
Desde hace años, más de 25 localidades patagónicas no pueden acceder a nuevas conexiones domiciliarias al Gasoducto Cordillerano Patagónico. La explicación es siempre la misma: el sistema está al límite, las obras están pendientes, hay que priorizar la seguridad. Pero eso no alcanza. No después de cinco años de inacción, excusas y promesas incumplidas.
El Estado Nacional comprometió obras en 2017 —plantas compresoras, refuerzos de cañerías— que nunca se completaron. Las provincias firmaron acuerdos en 2024 que aún no se materializan. Camuzzi, desde 2022, decidió suspender nuevas altas para no comprometer el sistema. ¿Eso es lo más creativo que se les ocurrió? ¿Suspender el derecho de la gente mientras se pasan la responsabilidad entre oficinas?
Mientras tanto, en esta Patagonia productora de gas, el recurso se va por los gasoductos hacia otros destinos, pero nuestras comunidades siguen calentándose con leña, pagando garrafas, esperando el invierno con incertidumbre.
¿Cómo se puede hablar de desarrollo regional si no se puede garantizar algo tan básico? ¿Cómo se puede atraer inversiones o sostener escuelas y hospitales sin acceso a un recurso que nace en esta misma tierra?
Por eso, como ciudadano que vive y camina estos pueblos, exijo:
- La finalización urgente de las obras comprometidas, con fechas claras y sin más dilaciones.
- Que Camuzzi deje de administrar la escasez y asuma un rol activo en la solución.
- Que se garantice un plan de contingencia justo, para quienes hoy siguen excluidos del sistema.
- Y, por sobre todo, que el derecho al gas natural sea reconocido y garantizado como lo que es: un derecho.
Este reclamo no es político ni partidario. Es humano. Es ético. Porque tener gas no me impide ver ni sentir lo que le pasa al otro. Al contrario, me compromete.
La Patagonia no puede seguir siendo la región del recurso ajeno y de la necesidad propia. Es hora de que el gas también llegue a donde nace.
Atentamente.
Gustavo Zalazar
Río Mayo – Chubut – Argentina.
