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De Ñorquinco a Tecka: la gira de Yoel Hernández cerró un recorrido por pueblos de la Patagonia

Durante cinco días, el cantautor de El Maitén recorrió nueve localidades de Río Negro y Chubut. Escuelas rurales, artistas emergentes, comunidades mapuche-tehuelche, veteranos de Malvinas y encuentros inesperados fueron parte de una gira que dejó mucho más que espectáculos musicales.

Con la presentación realizada en Tecka llegó a su fin la primera edición de “Uniendo Pueblos”, la gira impulsada por el cantautor chubutense Yoel Hernández. El recorrido atravesó nueve localidades de Río Negro y Chubut con una propuesta que combinó recitales, visitas a escuelas rurales y encuentros con vecinos, artistas y comunidades que forman parte de la identidad de la Patagonia.

La gira comenzó en Ñorquinco, donde además de recorrer el pueblo y visitar Mina de Indios junto a su histórica pasarela centenaria, Hernández participó de un bingo show organizado por la Municipalidad. Allí conoció a una joven cantante de apenas 15 años que sorprendió por su interpretación y fue invitada por el músico a participar de la próxima edición del Festival Mi Lugar, un espacio que desde hace años impulsa para acompañar a nuevos talentos.

En esa misma localidad también apareció otro protagonista inesperado. Francisco, un niño apasionado por el periodismo, aprovechó la visita para entrevistarlo. Las preguntas llamaron la atención del artista, que más tarde compartió el video en sus redes sociales y destacó la profundidad con la que el pequeño llevó adelante la conversación.

Al día siguiente el recorrido continuó por las escuelas rurales de Fofo Cahuel y Costa del Chubut, donde alumnos y docentes recibieron a la delegación. En Costa del Chubut también participaron dos veteranos de la Guerra de Malvinas, que compartieron la jornada con los estudiantes.

Pero la historia que terminó identificando ese tramo del viaje ocurrió cuando el equipo ya abandonaba Fofo Cahuel. A un costado de la ruta estaba Antinao, un vecino que no había alcanzado a llegar al espectáculo y esperaba con evidente tristeza. Hernández pidió detener la camioneta, tomó la guitarra y transformó la banquina en escenario. Allí le cantó “Mi Lugar”, una de las canciones más representativas de su repertorio y que con el paso de los años se convirtió en un clásico que recorre Chubut, desde la costa hasta la cordillera. Antinao escuchó la canción emocionado hasta las lágrimas. No hubo escenario, luces ni sonido profesional. Sólo un músico, una guitarra y un recital para un solo espectador. La escena, registrada en video y compartida luego en las redes sociales del artista, terminó convirtiéndose en una de las imágenes más representativas de toda la gira.

La siguiente parada fue Cushamen, donde la Escuela Nº 38 reunió a vecinos y familias para recibir al músico. Los alumnos interpretaron “Banderita de mi Escuela”, la canción compuesta por Hernández junto a estudiantes chubutenses y que con el tiempo comenzó a incorporarse a actos escolares en distintos puntos de la provincia. Durante esa misma jornada conoció a dos pequeños hermanos músicos, un guitarrista y un acordeonista, quienes también recibieron una invitación para participar del próximo Festival Mi Lugar.

El recorrido siguió por Paso del Sapo y Gualjaina. Sin embargo, la presentación en esta última localidad estuvo marcada por el incendio que ese mismo día destruyó la vivienda de una familia del pueblo. Aunque en un primer momento se evaluó suspender el espectáculo, finalmente se decidió realizarlo y dedicar la jornada a acompañar a los damnificados, en un gesto de solidaridad compartido por toda la comunidad.

Uno de los momentos más significativos del viaje tuvo lugar en Aldea Epulef. La comunidad recibió al músico y a su equipo con mates, tortas y facturas antes de recorrer distintos espacios de la localidad. Durante la visita, niños y mayores compartieron el significado del Camaruco, una de las ceremonias espirituales más importantes de la cultura mapuche-tehuelche, explicando cómo esa tradición continúa transmitiéndose de generación en generación.

En esa misma jornada, Hernández mantuvo un encuentro con Feliciano Quintuqueo, veterano de la Guerra de Malvinas y vecino de Aldea Epulef, a quien agradeció públicamente por su servicio al país. Tras la visita, el músico expresó su respeto hacia las comunidades mapuche-tehuelche y sostuvo que uno de los objetivos de “Uniendo Pueblos” era conocer de cerca la cultura, las historias y los valores que mantienen viva la identidad patagónica.

La gira continuó por Colán Conhué, donde compartió un encuentro con artesanos y productores locales, antes de llegar a Paso de Indios. Allí, la Escuela Nº 777 volvió a reunir a familias y vecinos en una nueva presentación, con los chicos acompañando varias de las canciones que forman parte del repertorio del artista.

El cierre llegó en Tecka, donde integrantes de una comunidad mapuche despidieron a Hernández con un mensaje de agradecimiento que, según expresó posteriormente, fue uno de los momentos más movilizantes de todo el recorrido.

La propuesta “Uniendo Pueblos” surgió semanas atrás, cuando el propio artista preguntó en sus redes sociales qué localidades querían recibir una presentación. La respuesta fue inmediata y terminó dando origen a una gira que unió pueblos de Río Negro y Chubut, muchos de ellos alejados de los circuitos culturales habituales.

La experiencia también mostró otra faceta del proyecto. Además de los recitales, permitió descubrir nuevos artistas, compartir actividades en escuelas rurales, acercarse a la historia de los veteranos de Malvinas y conocer de primera mano tradiciones que siguen vivas en las comunidades mapuche-tehuelche.

Para Yoel Hernández, que desde hace años viene construyendo un repertorio profundamente ligado a la identidad patagónica con canciones como “Mi Lugar” y “Banderita de mi Escuela”, la primera edición de “Uniendo Pueblos” terminó confirmando que todavía existen pueblos donde una guitarra, una escuela abierta y una conversación compartida siguen teniendo el mismo valor que un gran escenario.

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