La deuda privada ahoga a los hogares
La morosidad en créditos personales y tarjetas tocó un pico en 2025 y la presión se agrava mes a mes por el salto en tarifas de servicios y el costo de moverse: luz, gas, agua, transporte y combustibles empujan el gasto fijo, recortan el ingreso disponible y vuelven más frágil cualquier cuota.
El endeudamiento de los hogares argentinos entró en una zona de máxima tensión. El Banco Central (BCRA) informó que, en octubre de 2025, la mora de los préstamos a los hogares llegó al 7,8%, el nivel más alto en más de una década y un termómetro directo de la pérdida de capacidad de pago.
Pero ese deterioro no se explica solo por salarios que no alcanzan o por un ciclo recesivo: en 2025 y comienzos de 2026 se sumó un factor que pega en el “día a día” con mucha fuerza: el incremento del gasto fijo en servicios y movilidad, que compite de frente con el pago de cuotas y mínimos de tarjeta. Un informe del IIEP (UBA–CONICET) relevó que los subsidios económicos se redujeron en términos reales durante 2025 y que las tarifas de servicios públicos acumularon subas muy fuertes en el período 2023–2025, lo que elevó la carga mensual de la canasta de servicios (luz, gas, agua y transporte) sobre los hogares.
El impacto se ve también en los datos oficiales de precios: el INDEC, en su informe del IPC de diciembre de 2025, marcó que las divisiones que más subieron ese mes fueron Transporte (4,0%) y Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (3,4%). Cuando esas dos canastas se aceleran, no solo encarecen la vida: achican el margen con el que una familia afronta vencimientos bancarios, refinanciaciones y compras con tarjeta.
En Patagonia, el cuadro suma un condimento propio: el INDEC registró para la región una inflación interanual de 32,9% a diciembre de 2025, en un contexto donde el peso de transporte, combustibles y servicios suele sentirse más por distancias, clima y logística. No hace falta inventar un indicador “patagónico” de deuda para entender el efecto: si suben con fuerza las partidas que permiten calefaccionarse y moverse, la deuda de consumo se vuelve más probable y el atraso más frecuente.
Así, la deuda deja de ser una herramienta ocasional y pasa a ser un mecanismo de supervivencia: tarjetas para completar el súper, préstamos personales para cubrir baches y refinanciaciones que patean el problema hacia adelante con más intereses. Con la mora en alza (según el BCRA) y los gastos fijos empujando desde abajo (según el IIEP y el IPC del INDEC), el presente económico muestra una señal concreta: la crisis de los hogares no siempre empieza en el banco; muchas veces empieza en la boleta y en el surtidor.
