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La Sala Histórica de Malvinas en Río Mayo: una historia que sigue abierta

En Río Mayo, Malvinas tiene un lugar concreto y cotidiano. No queda reducida a una fecha ni a un acto, sino que se sostiene en un espacio que se abre y se recorre con tiempo, donde la historia se cuenta de frente y sin intermediarios. Dentro del Batallón de Ingenieros Mecanizado 9 funciona la Sala Histórica de Malvinas, un punto de encuentro al que llegan vecinos, estudiantes, visitantes y también Veteranos de Guerra, cada uno con su propia mirada sobre lo ocurrido. Lo que pasa ahí no es siempre lo mismo, porque depende de quién entra, de lo que pregunta y de lo que busca.

El recorrido lo lleva el sargento Darío Peña, responsable del espacio y uno de los que más empuja para que la sala no quede en silencio. Su forma de trabajar no pasa por repetir un discurso cerrado. Se detiene, explica, conecta hechos, reconstruye situaciones y adapta el relato según quien esté escuchando. Tiene además un vínculo directo con excombatientes, a quienes recibe cuando llegan a Río Mayo y suma al recorrido. En esos encuentros, la sala cambia: lo que está expuesto deja de ser objeto y se convierte en experiencia.

Ese funcionamiento es relativamente reciente. La sala comienza a tomar forma entre 2013 y 2014, cuando se reorganiza ese sector dentro del predio y se concentran allí elementos vinculados a la historia de la unidad. Durante varios años no hubo un responsable específico. El espacio se abría cuando alguien llegaba y el recorrido dependía de quien estuviera disponible. No había una guía ni una línea clara para contar lo que había detrás de cada pieza. Con el tiempo, esa lógica fue cambiando hasta convertirse en lo que hoy es: un lugar con continuidad, con contenido y con alguien que lo sostiene.

Lo que se cuenta ahí no empieza en 1982, sino antes. La Compañía de Ingenieros 9 se crea el 2 de enero de 1978 en Sarmiento y ese mismo año ya está movilizada en la región por el conflicto con Chile. Cuatro años después, esa misma unidad forma parte de la Operación Rosario. El 27 de marzo de 1982 una fracción parte por vía marítima como reserva y apoyo logístico, mientras que el resto sale el 1 de abril hacia Comodoro Rivadavia y desde allí vuela a las islas. El 2 de abril aterrizan y están presentes en el izamiento de la bandera argentina. Días después avanzan sobre la isla Gran Malvina y participan de la recuperación en Bahía Fox, quedando así vinculados a los dos escenarios principales del despliegue. Fueron 128 efectivos y los 128 regresaron.

En el terreno también desarrollaron maniobras que con el tiempo adquirieron otra dimensión. A partir de materiales de circunstancia montaron posiciones de artillería simulada que fueron tomadas como objetivos reales por las fuerzas británicas. Los bombardeos cayeron sobre esos puntos y no sobre posiciones operativas, lo que permitió desviar ataques en un contexto donde cada decisión podía marcar la diferencia.

Hay, sin embargo, una historia que atraviesa todo y que concentra buena parte del sentido de lo que se muestra en la sala. Tiene que ver con la bandera. Con el cese del fuego, la orden era impedir que quedara como trofeo de guerra. El subteniente Villegas, con 21 años, decide ocultarla entre su ropa y la mantiene consigo durante el repliegue. En uno de los controles es descubierta y retenida, con el compromiso de ser devuelta al llegar al continente. La bandera regresó, se mantuvo intacta y hoy está en Río Mayo. Es una de las pocas que volvió completa y la que más tiempo permaneció en Malvinas. Sobre esa misma bandera, el 26 de abril de 1982, soldados de la clase 1963 realizaron la jura en pleno campo de batalla, en Bahía Fox, anticipando un escenario que ya se sabía complejo.

Todo ese recorrido forma parte de lo que hoy se reconstruye dentro de la sala. No como un listado de datos, sino como una historia que tiene continuidad en el territorio. Quien entra no se encuentra solamente con objetos, sino con un relato que une hechos, decisiones y personas. Y con alguien que se encarga de sostenerlo.

En Río Mayo, Malvinas no quedó atrás. Sigue teniendo un lugar.

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