RECONOCIERON A DIEZ VECINOS DESTACADOS DE LA LOCALIDAD: RADIO, DEPORTE, SALUD, EDUCACIÓN, CULTURA Y TRABAJO COMUNITARIO

Ulises Segundo Perea, Ayrton Ivanoff, Bárbara Wolf, Manuela Sara Gómez, Sergio Casihuil, Adriano Soto, Sandra Alvarenga, Marcelo Varas, Ramón Tapia y Guillermina Muñoz recibieron la distinción en el marco del 91.º aniversario de Río Mayo. Diez trayectorias muy distintas, construidas desde la comunicación, el deporte, la educación, la cultura, la salud, la seguridad, el trabajo y el compromiso con la comunidad. El repaso de cada historia dejó momentos de mucha emoción entre los homenajeados, sus familias y quienes acompañaron la ceremonia.
Río Mayo, localidad ubicada en el sudoeste de Chubut, vivió este jueves 20 de agosto uno de los encuentros más emotivos dentro del programa por su 91.º aniversario. En el Cine NAC se realizó la entrega de la distinción “Vecino/a Destacado/a”, que reunió por primera vez a diez personas de distintas generaciones, profesiones y ámbitos de la vida comunitaria.
La propuesta tuvo su origen en una iniciativa de Stella Maris Ríos y tomó forma institucional este año mediante la Ordenanza Municipal N.º 2470/2026, sancionada por el Concejo Deliberante el 18 de junio. La norma creó la distinción para reconocer públicamente a vecinos cuya trayectoria, accionar o aportes hayan tenido un impacto positivo en la comunidad, contemplando ámbitos sociales, culturales, educativos, deportivos, ambientales, solidarios, científicos y comunitarios.
La ordenanza establece, entre otros requisitos, la residencia efectiva en Río Mayo y una trayectoria con impacto positivo, comprobable y sostenido. Las postulaciones pueden ser realizadas por vecinos, el Departamento Ejecutivo Municipal, el Concejo Deliberante u organizaciones de la sociedad civil, mientras que la designación final debe ser aprobada por el cuerpo legislativo.
La propia normativa prevé que la entrega pueda realizarse en el marco de celebraciones institucionales, como el aniversario de la localidad, y así ocurrió en esta primera edición. El acto contó con la presencia del intendente Gustavo Loyaute, la presidenta del Concejo Deliberante Silvia Muñoz, concejales, funcionarios, familiares y vecinos.
La ceremonia fue dejando rápidamente atrás el protocolo a medida que comenzó el repaso de cada trayectoria. Allí aparecieron escuelas, clubes, programas de radio, escenarios, hospitales, canchas, instituciones y episodios que forman parte también de la historia reciente de Río Mayo. Para muchos de los homenajeados fue encontrarse en pocos minutos con años de trabajo que habían transcurrido sin detenerse demasiado a mirarlos.
Hubo risas, silencios, recuerdos y lágrimas. Cada semblanza llevó a sus protagonistas por diferentes etapas de sus vidas y, en varios casos, las reacciones de familiares y amigos terminaron completando historias que no pertenecen únicamente a quien recibió la distinción, sino también a quienes estuvieron cerca durante esos recorridos.
Ulises Segundo Perea fue distinguido por su trayectoria en los medios de comunicación, después de casi 40 años ligados a la locución y a la radio. Su voz se convirtió con el tiempo en una presencia cotidiana para vecinos de Río Mayo y de la extensa zona rural, con programas donde la música, el humor, los saludos y los relatos de la vida diaria encontraron una forma particular de acompañar a quienes están del otro lado.
Ayrton Ivanoff recibió el reconocimiento por su trabajo en el deporte y, especialmente, por la formación de niños y jóvenes a través del fútbol. Su tarea se construyó dentro y fuera de la cancha, dedicando horas al entrenamiento, al acompañamiento y a ayudar a que los más chicos puedan crecer dentro de una actividad que también utiliza como espacio de formación y contención.
Bárbara Wolf fue distinguida por una trayectoria que reúne cultura, arte y Derecho. Profesora de Folclore y Danzas Árabes, cantante y abogada, salió de Río Mayo para completar su formación profesional y luego decidió regresar para ejercer en su pueblo. Ese camino nunca la alejó de la música y la danza, dos expresiones que continúan formando parte de su vida y de su vínculo con la comunidad.
Manuela Sara Gómez representa buena parte de la historia educativa de Río Mayo. Se recibió como maestra de Enseñanza Primaria en 1961, trabajó también en Lago Blanco y desarrolló una extensa trayectoria en las escuelas N.º 72 y N.º 36. Fue profesora de dibujo y participó de los comienzos de la educación secundaria local como secretaria de la actual Escuela N.º 706 “Gregorio Mayo”, además de desempeñarse como maestra, secretaria y vicedirectora a cargo durante su carrera.
Sergio Casihuil fue reconocido desde el ámbito de la música. Profesor, músico y formador, su recorrido está ligado desde hace años a la enseñanza, los escenarios y distintas actividades culturales. También hizo el camino de quien se formó y volvió a Río Mayo para ejercer su profesión, compartiendo conocimientos y acompañando a nuevas generaciones que encuentran en la música un espacio propio.
Adriano Soto es uno de los más jóvenes entre los distinguidos y atraviesa actualmente un importante crecimiento dentro del vóley. Su desempeño lo llevó desde la formación local a competencias provinciales y nacionales cada vez más exigentes, representando a Río Mayo en torneos de alto nivel y construyendo, a corta edad, un recorrido deportivo que sigue en pleno desarrollo.
Sandra Alvarenga recibió la distinción por su trayectoria en la salud. Enfermera de la localidad, su trabajo adquirió una visibilidad especial durante la pandemia, cuando los equipos sanitarios debieron afrontar meses de enorme exigencia y una situación desconocida para toda la comunidad. Aquella etapa marcó particularmente su recorrido, aunque el reconocimiento abarca años de atención, cuidado y acompañamiento a los vecinos.
Marcelo Varas fue reconocido por servicio y compromiso comunitario. Antes de su función actual en la Policía del Chubut fue entrenador del equipo Espartanos, acompañando a chicos que comenzaban a disputar sus primeros campeonatos de fútbol. Actualmente desarrolla tareas sociales desde la Comisaría de Río Mayo, participa de la Mesa Intersectorial de Prevención del Suicidio, impulsa actividades para los niños y mantiene el microprograma policial QSO en la FM Municipal.
Ramón Tapia llegó a Río Mayo como integrante del Ejército y terminó eligiendo la localidad para quedarse y construir aquí su vida. Durante años trabajó en el Hospital Rural Río Mayo “Cristina Casanova”, donde completó buena parte de su trayectoria laboral hasta jubilarse. Después comenzó otra etapa con Café de Ramón, su emprendimiento gastronómico, y hoy sus pizzas son su sello, una identidad que vecinos de distintas generaciones relacionan inmediatamente con su nombre y con el local que sostiene en la localidad.
Guillermina Muñoz fue distinguida por una vida ligada a la educación y al servicio. Durante años trabajó como portera de la Escuela N.º 148 “25 de Mayo”, acompañando desde una tarea cotidiana a generaciones de alumnos. También mantuvo una fuerte participación en Cáritas, la catequesis y distintas actividades de la Iglesia Católica, con una presencia sostenida desde la fe, la solidaridad y el acompañamiento a otras familias.
Los diez llegaron hasta el reconocimiento por caminos completamente diferentes. Algunos atravesaron décadas dentro de instituciones públicas; otros construyeron su lugar desde el deporte, el arte, la profesión, la seguridad, la radio o un emprendimiento. También hubo espacio para quienes recién comienzan a desarrollar una carrera y ya consiguieron representar a Río Mayo mucho más allá de los límites de la localidad.
En casi todos se repitió algo durante la presentación: escuchar su propia historia contada por otra persona terminó otorgándole otra dimensión a experiencias que en su momento habían sido simplemente parte de la rutina. Años de trabajo, entrenamientos, guardias, clases, programas, viajes o actividades comunitarias aparecieron reunidos frente a familiares y vecinos y explicaron buena parte de la emoción que atravesó la ceremonia.
Una vez concluido el acto en el Cine NAC, homenajeados, familiares y autoridades se trasladaron a la sala de conferencias, donde compartieron un ágape. Ya sin escenario ni protocolo, las conversaciones siguieron alrededor de muchas de las historias que acababan de escuchar y fueron apareciendo anécdotas, recuerdos y personas que habían formado parte de aquellos recorridos.
Ese momento permitió que los propios reconocidos volvieran sobre cuestiones de sus vidas que habían aparecido durante las presentaciones. Una escuela, un grupo de chicos, una etapa laboral, un escenario, una situación difícil o una decisión tomada muchos años atrás terminaron reapareciendo en las charlas y permitieron que cada uno pudiera redescubrir parte de su propio camino a partir de la mirada de los demás.
Después del encuentro, varias de las publicaciones realizadas por los homenajeados en sus redes sociales coincidieron en algo: la importancia de que una comunidad pueda reconocer a su propia gente mientras esas historias todavía se están escribiendo. No como una competencia entre trayectorias ni para establecer quién hizo más, sino para poner en valor tareas que muchas veces se vuelven tan cotidianas que dejan de llamar la atención.
Eso terminó siendo también uno de los sentidos más claros del acto. Diez personas se encontraron por un momento frente al relato de lo que habían construido desde lugares muy diferentes y recibieron la devolución de quienes convivieron con buena parte de esas historias. En una de las conversaciones alrededor de este reconocimiento apareció una pregunta que resume bastante bien lo vivido: si no nos reconocemos entre nosotros, ¿quién?
