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Senguer: la trama detrás de la ordenanza que cedió la costa del Río

Mientras Francis Mallmann estará el 6 de junio en Comodoro Rivadavia por una actividad solidaria y no se descarta su paso por la región, en Alto Río Senguer comienzan a emerger datos que permiten reconstruir cómo se gestó la ordenanza que habilitó la cesión de la costa del río para un proyecto vinculado a su figura. El anuncio previo, el tratamiento legislativo acelerado, la falta de documentación clave, el impacto social que generó y el rol de los distintos actores políticos exponen un proceso que hoy suma interrogantes sobre cómo y por qué avanzó la iniciativa.

El nombre de Mallmann vuelve a aparecer en la agenda regional por su visita prevista para los primeros días de junio, donde encabezará una cena a beneficio de la Fundación Crecer. En ese contexto, no se descarta su presencia en Senguer, una zona con la que mantiene un vínculo sostenido desde hace años a partir de su desarrollo turístico en cercanías del Lago La Plata. Ese dato, que en otro momento podía pasar como un movimiento más dentro de su agenda, hoy se conecta con un escenario distinto y más cargado.

La aprobación de la ordenanza que habilitó la cesión de un sector de la costa del río generó ruido inmediato, puso el tema en la conversación pública y abrió un debate que ya no quedó encerrado en el Concejo. La discusión no se quedó en la decisión en sí. Con el paso de los días empezaron a aparecer elementos que permiten reconstruir cómo se fue gestando el proceso que terminó con su aprobación.

Del anuncio previo al tratamiento exprés

El recorrido del proyecto empieza bastante antes de que llegue al recinto. El 30 de noviembre de 2024, en el marco del 1° Encuentro en Áreas Protegidas del Parque Municipal Shoonem, el gobernador Ignacio Torres lo anunció junto a Mallmann y el intendente de Alto Río Senguer, Miguel Mongilardi. Ese mismo día se difundió un video institucional donde ya se hablaba de avanzar con un restaurante-escuela en la zona del río Senguer, presentado como un desarrollo en marcha.

En ese mismo audiovisual, difundido desde las cuentas oficiales del gobernador, se fijó el tono político de la iniciativa. “Estamos acá con el amigo Francis Mallmann, que la verdad nos dio una muy grata noticia. Estamos con el intendente de Río Senguer, un pueblo con un potencial enorme. Y ahora vamos a avanzar en un emprendimiento que no sólo va a jerarquizar esta zona, sino que también, lo más importante, va a generar trabajo de calidad”, expresó al inicio del mensaje.

A continuación, el propio Mallmann describió el proyecto en esos términos: “Se va a abrir al lado del pueblo un restaurante escuela, en conjunto con la escuela de Alto Río Senguer, para que los chicos y los jóvenes puedan acercarse a lo que les guste, aprender a cocinar, aprender a gerenciar, atender a la gente. Yo creo que va a ser un impulso económico para Senguer, es un comienzo, un pequeño granito de arena, pero creo que le va a hacer muy bien”.

El anuncio no pasó como un dato más. Se dio con el proyecto todavía fuera del Concejo Deliberante y con un tono que lo ubicaba más cerca de una definición que de una propuesta en evaluación. No se planteó como algo a discutir, sino como un avance que iba a concretarse. En ese contexto, en el plano político empieza a consolidarse una lectura: la de una decisión ya tomada, más allá de los pasos administrativos que vendrían después.

A partir de ahí aparece otro dato que suma a esa reconstrucción. El primer ingreso formal al Concejo no fue un proyecto completo, sino un plano. Ese esquema de implantación fue lo que comenzó a tratarse en comisión, dando inicio a un expediente que desde el arranque mostraba vacíos.

Desde ese momento se hicieron pedidos de informe y se solicitaron precisiones. Las respuestas fueron llegando de manera parcial, sin terminar de completar el cuadro general. No había proyecto ejecutivo, no había estudios técnicos completos, no estaba claro el financiamiento ni el alcance real de la intervención.

El tema seguía en comisión con más preguntas que definiciones. La información aparecía de forma fragmentada y el proceso no terminaba de cerrar. Esa etapa, en condiciones normales, es la que ordena el tratamiento y permite consolidar el proyecto antes de llevarlo al recinto.

Sin embargo, ese circuito se interrumpió. De un momento a otro, el expediente apareció en sesión para ser tratado sobre tablas, sin haber sido anunciado previamente en el orden del día y sin que el trabajo en comisión estuviera concluido. Ese paso implicó avanzar directamente a votación sin haber terminado de reunir la información que se estaba requiriendo.

Ese movimiento alteró el curso del tratamiento. Concejales que venían siguiendo el tema dentro de la comisión se encontraron con que el proyecto pasaba a definirse sin haber cerrado esa instancia previa.

Durante el debate, los concejales Fernando Becerra y Juan Amarrilla, de Acción Vecinal Senguer, plantearon que faltaba información clave y cuestionaron la forma en que se había llevado el expediente al recinto. Aun así, la ordenanza fue aprobada por cinco votos contra dos.

Acompañaron Graciela Valente, Nilda Garibay, Ricardo Contreras y Enzo Meza, del bloque Renovación y Desarrollo alineado al intendente Miguel Mongilardi, junto a Mirta Levrier, del espacio Arriba Chubut.

La votación no quedó encerrada en el recinto. A partir de ese momento, el tema empezó a escalar por fuera del Concejo y se transformó en un eje de discusión política y social en Senguer, con repercusiones que también se replicaron en portales de la región y en redes.

Las posiciones no tardaron en marcarse. Por un lado, sectores con fuerte alineamiento político defendieron la iniciativa bajo el argumento del desarrollo, la generación de empleo y la posibilidad de abrir una puerta de formación para jóvenes de la localidad.

Del otro lado, comenzaron a aparecer miradas más críticas, atravesadas por experiencias previas y por una lectura más desconfiada del proceso. En ese plano, lo que se pone en discusión no es sólo el proyecto en sí, sino la forma en la que se lo aprobó y las condiciones en las que se habilita el uso de un bien público.

En ese marco, circula con fuerza una idea que no es nueva en este tipo de escenarios. La de proyectos que comienzan con una impronta social o formativa, pero que con el tiempo, a través de estructuras jurídicas más complejas, terminan consolidando otro tipo de control sobre los espacios donde se instalan.

Esa lectura aparece alimentada por un dato concreto. La ordenanza que habilita la cesión del terreno deja abiertos varios aspectos sensibles en términos jurídicos y de resguardo del patrimonio municipal.

La ordenanza quedó fechada el 23 de abril de 2026, mientras que la resolución de promulgación lleva fecha del 24 de abril. Un trámite que, en los papeles, se resolvió en un lapso mínimo.

La norma habilita al Ejecutivo a celebrar un contrato de comodato gratuito sobre un inmueble municipal ubicado en la ribera del río Senguer.

El propio texto establece que el contrato se firmará una vez que la fundación acredite su constitución legal, lo que implica que al momento de aprobar la ordenanza esa entidad no estaba formalmente acreditada en el expediente.

A eso se suma la falta de documentación técnica. No aparecen estudios de impacto ambiental, no hay intervención visible de organismos como el Instituto Provincial del Agua y tampoco un proyecto ejecutivo completo.

El lugar elegido agrega complejidad. Se trata de una franja ribereña, con dinámica propia, riesgo de crecidas y presencia de especies autóctonas como el ñire.

Lo que ya existe y lo que se proyecta

Francis Mallmann no llega ahora a la zona. En el entorno del Lago La Plata sostiene desde hace años un desarrollo turístico de alta gama en La Soplada, pensado para pocos, con acceso limitado y una lógica claramente selectiva. Es un modelo que se repite en otros puntos donde instaló su marca.

Ese tipo de propuesta también explica el perfil que tomó ese sector del territorio. No es turismo abierto ni de circulación amplia. Es un esquema cerrado, con poca integración con la dinámica cotidiana de la localidad.

Ahí aparece el punto que en Senguer se comenta desde hace tiempo. Pobladores que llevan décadas en la zona marcan esa distancia entre el nivel de esos emprendimientos y el impacto real en la economía local.

En paralelo, el chef viene ampliando su presencia internacional con nuevos restaurantes en distintos puntos del mundo, dentro de una lógica de expansión de su marca.

Ese antecedente pesa ahora. Porque el restaurante-escuela se presenta como formación, empleo y oportunidad para jóvenes del pueblo, pero al mismo tiempo se inscribe dentro de un universo que, hasta ahora, ha funcionado bajo otras reglas.

La discusión, en ese punto, deja de ser discursiva. Se corre a un terreno concreto: qué cambia realmente para Senguer con este tipo de desarrollos.

En paralelo, el recorrido político del proyecto también aporta elementos para entender cómo se llegó hasta este punto. El anuncio inicial con respaldo del gobierno provincial, la articulación con el Ejecutivo local y la aprobación en el Concejo en un trámite acelerado configuran una secuencia que no puede leerse como hechos aislados.

No se trata sólo de la ordenanza en sí. Se trata del camino que se construyó para que esa ordenanza exista y de las condiciones en las que se habilitó una intervención sobre un espacio público.

¿Se está entregando un inmueble municipal ubicado en una zona de riesgo hídrico a una fundación cuya personería aún aparece como condición a cumplirse, sin un contrato público conocido, sin plazos claramente establecidos y sin un detalle económico completo?

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