Sin gas y con actividades suspendidas: una comuna de Chubut anunció el cierre de su atención administrativa hasta nuevo aviso
Aunque el Gasoducto Patagónico pasa a apenas 19 kilómetros de Aldea Apeleg, la comuna rural debió suspender su atención administrativa por falta de gas. El inconveniente que originó la medida fue de carácter administrativo, pero el episodio volvió a mostrar las dificultades que enfrentan las pequeñas localidades del interior para sostener servicios esenciales en un contexto de costos crecientes, recursos limitados y dependencia de sistemas alternativos de abastecimiento.
La Comuna Rural de Aldea Apeleg informó la suspensión de todas sus actividades administrativas debido a la falta de suministro de gas. La decisión fue comunicada mediante un breve mensaje oficial en el que se indicó que la medida regirá hasta nuevo aviso.
Según pudo saber este medio, la interrupción que afectó al edificio comunal respondió a una cuestión administrativa relacionada con la reposición del gas. No se trató de un corte generalizado en la localidad ni de una falla del sistema de distribución.
Aldea Apeleg es una pequeña comunidad rural ubicada en el sudoeste de Chubut, cercana a Alto Río Senguer. Allí viven alrededor de 40 familias y, como ocurre en numerosos pueblos del interior provincial, una parte importante de los jóvenes migra hacia centros urbanos más grandes para continuar estudios, acceder a oportunidades laborales o buscar un futuro diferente, muchas veces lejos de sus familias y de la comunidad donde crecieron.
La mayoría de los hogares se calefacciona con leña y cilindros de gas de 45 kilos. Los sistemas de zeppelín están destinados principalmente a las instituciones públicas. La comuna dispone de un zeppelín de 2.000 kilos y el gimnasio comunal de otro de 7.000 kilos. También dependen de este sistema la escuela, la Policía y Gendarmería.
Durante los meses más fríos el consumo aumenta considerablemente. En el caso de la escuela, el funcionamiento diario de decenas de calefactores demanda un abastecimiento permanente para sostener las actividades educativas. Lo mismo ocurre con el resto de las instituciones públicas, que necesitan garantizar condiciones mínimas de funcionamiento en una de las zonas más frías de la provincia.
Fuentes consultadas señalaron que una de las principales limitaciones radica en la capacidad financiera para realizar cargas de mayor volumen y mantener reservas. Como sucede en gran parte de las comunas rurales, los recursos disponibles deben distribuirse entre salarios, funcionamiento, mantenimiento de servicios y pequeñas obras, lo que obliga muchas veces a trabajar con cargas mínimas.
A esto se suma el incremento registrado en el costo del gas y el aumento del consumo durante la temporada invernal. Esa combinación provoca que la necesidad de reposición sea cada vez más frecuente y que el margen de maniobra presupuestario resulte más reducido. El abastecimiento depende además de camiones que recorren distintas localidades del interior provincial, por lo que cada carga está sujeta a cronogramas, disponibilidad operativa y recorridos previamente establecidos.
Según pudo saber este medio, situaciones vinculadas a la falta de gas no son desconocidas para la comunidad. Fuentes locales indicaron que en otras oportunidades la comuna llegó a permanecer períodos prolongados sin suministro, afectando también la atención administrativa. Incluso recuerdan casos en los que la sede comunal permaneció cerca de dos meses sin gas y sin atención al público, una situación que con el paso de los años terminó incorporándose a la realidad cotidiana de la localidad.
La situación también vuelve a poner la atención sobre la Subsecretaría de Asuntos Municipales de Chubut, el organismo provincial encargado de coordinar y asistir a las comunas rurales. Desde allí se canalizan buena parte de las gestiones vinculadas al funcionamiento de estas localidades, muchas de las cuales enfrentan problemas históricos relacionados con infraestructura, servicios y financiamiento.
En localidades con escasa capacidad de recaudación propia, gran parte de las soluciones de fondo dependen de decisiones y programas que se gestionan a nivel provincial. Por eso, episodios como el ocurrido en Aldea Apeleg vuelven a exponer problemáticas que exceden a una comuna en particular y que forman parte de una realidad compartida por distintos pueblos del interior.
La situación adquiere una dimensión particular cuando se observa el mapa energético de la región. A unos 19 kilómetros de Aldea Apeleg pasa la traza del Gasoducto Patagónico, la obra inaugurada en 2006 que permitió incorporar al servicio de gas natural a localidades como Río Mayo, Alto Río Senguer, Gobernador Costa, José de San Martín, Tecka y Esquel.
Sin embargo, Aldea Apeleg quedó fuera de esa red y continúa dependiendo de sistemas alternativos para abastecer a sus instituciones. La paradoja reaparece cada invierno: mientras las escuelas, la comuna y el resto de los organismos públicos dependen de zeppelines y reposiciones constantes, el gas natural circula a pocos kilómetros de distancia.
La suspensión de las actividades administrativas volvió a poner en escena esa realidad. También reabrió una discusión que lleva años en la región: cuánto cuesta sostener durante décadas sistemas alternativos de abastecimiento y qué impacto podría tener para una comunidad de 40 familias acceder a una infraestructura que ya atraviesa el territorio muy cerca de la localidad.
