a

Tras la interna radical, Torres volvió a hacer política en Rawson sin Biss

En menos de 24 horas, Ignacio Torres reunió a once clubes de la capital y puso en funcionamiento una obra clave en el Hospital Santa Teresita sin la participación del intendente Damián Biss. Fuentes cercanas al jefe comunal aseguran que no fue convocado. La secuencia apareció pocos días después de una interna de la UCR en la que Biss respaldó a Sergio Guajardo frente al sector que llevó a Gerardo Merino a la conducción partidaria. No es la primera tensión entre ambos durante el año: hubo cruces, distanciamientos y posteriores recomposiciones. Mientras dura el frío, Provincia avanza directamente sobre la ciudad; cuando vuelven a hacer falta acuerdos, gestión compartida o votos en la Legislatura, la relación institucional recupera temperatura.

La última semana dejó dos fotografías políticas difíciles de mirar por separado en Rawson. El jueves 3 de septiembre, el gobernador Ignacio Torres reunió en Casa de Gobierno a representantes de once clubes de la capital, entregó aportes y comprometió distintas obras dentro del Plan Galina. Al día siguiente encabezó la puesta en funcionamiento de la nueva subestación eléctrica del Hospital Subzonal Santa Teresita, una intervención para la cual la Provincia destinó $510 millones en materiales y que busca resolver un déficit energético que el establecimiento arrastraba desde hacía trece años.

En ninguna de las dos actividades estuvo Damián Biss. En el Santa Teresita participaron Torres, el vicegobernador Gustavo Menna, autoridades del área de Salud, responsables de la EPECH, la conducción del hospital y el interventor judicial de la Cooperativa de Rawson. Según pudo conocer Río Mayo 1935 a través de fuentes cercanas al mandatario capitalino, Biss no fue convocado. La ausencia, entonces, dejó de ser solamente una cuestión de protocolo cuando se sumó a lo ocurrido veinticuatro horas antes con las instituciones deportivas.

Provincia se había sentado directamente con once clubes de Rawson para hablar de dinero, infraestructura y compromisos de obra, sin el intendente de la ciudad en esa mesa. Al día siguiente volvió a intervenir sobre una cuestión central para la comunidad, esta vez en el hospital público, y Biss tampoco estuvo. Dos actividades consecutivas, dos decisiones con impacto directo sobre Rawson y una misma ausencia terminaron marcando públicamente el momento que atraviesa la relación.

El contexto inmediato es la interna de la Unión Cívica Radical. Biss eligió jugar abiertamente por Sergio Guajardo frente a Gerardo Merino, intendente de Trelew y candidato identificado con el sector radical más próximo al Gobierno provincial. Entre Rawson y Trelew hay apenas unos 17 kilómetros, una proximidad que vuelve todavía más particular aquella decisión: el intendente de la capital se paró detrás del dirigente que desafió al armado en el que estaba su vecino político y que finalmente terminó imponiéndose en la conducción partidaria.

Biss no dejó el conflicto dentro de la urna. Después de la elección denunció públicamente que ministros, funcionarios y legisladores provinciales habían participado de manera activa en la disputa radical y habló de llamados y presiones sobre convencionales. La discusión dejó así de ser únicamente una interna partidaria y pasó a involucrar directamente al Gobierno, justamente pocos días antes de que comenzara esta sucesión de actividades provinciales en Rawson sin la presencia del intendente.

En ese clima también apareció el caso de Diego Almonacid. El periodista fue desvinculado de Radio 3 después de publicar en su portal Cinco Claves una entrevista con Sergio Guajardo y denunció que previamente el subsecretario de Información Pública, Ramiro Outeda, le había solicitado retirar esa publicación. Almonacid aseguró que se negó y posteriormente quedó fuera de la emisora. FOPEA tomó el episodio dentro de su monitoreo de libertad de expresión y habló de presiones políticas, un hecho que terminó agregando todavía más tensión alrededor de una interna que ya había desbordado a la propia UCR.

El posicionamiento de Biss tuvo, por lo menos en términos de representación institucional, una consecuencia visible esta semana. No existen elementos para sostener que los actos hayan sido organizados como represalia y sería forzar los hechos afirmarlo como una certeza. Lo comprobable es bastante más sencillo: después de haber enfrentado al sector que terminó imponiéndose en la interna y de denunciar la intervención de funcionarios provinciales, el intendente quedó afuera de dos actividades relevantes que Torres desarrolló sobre su propia ciudad.

Tampoco es una historia que haya comenzado ahora. Torres y Biss vienen atravesando durante 2026 una relación con constantes idas y vueltas. En febrero, Mariela Tamame, dirigente identificada políticamente con el intendente rawsense, dejó junto a Sergio González el bloque Despierta Chubut en la Legislatura para conformar Chubut Unido. El radicalismo de Rawson terminó respaldando aquella decisión y Biss acompañó políticamente el movimiento, que significó una pérdida para la estructura legislativa del oficialismo provincial.

La tensión de aquellos días, sin embargo, no se convirtió en una ruptura permanente. Hubo gestiones para recomponer el vínculo y posteriormente volvieron las reuniones y actividades compartidas. Esa característica se repetiría más adelante: la discusión escala, aparecen declaraciones fuertes, durante un tiempo se enfría la relación y luego alguna necesidad política o institucional vuelve a sentar a las partes en la misma mesa.

El conflicto con el Banco del Chubut fue otro capítulo. Biss cuestionó el tratamiento financiero que recibía la Municipalidad de Rawson y tomó la decisión de trasladar alrededor de un millar de cuentas sueldo de trabajadores municipales hacia el Banco Patagonia. La salida de esas cuentas de la entidad provincial generó respuestas desde el Gobierno y un nuevo cruce con Torres, aunque nuevamente el distanciamiento terminó cediendo y durante los meses siguientes Provincia y Municipio volvieron a compartir gestiones y actos públicos.

Por eso sería incorrecto presentar lo ocurrido esta semana como el final de una relación. En los pasillos de la política rawsense, algunos dirigentes utilizan una definición bastante menos formal y hablan de los “histeriqueos” del gobernador para describir esos períodos de enojo, distancia y posterior acercamiento. Más allá de la expresión, lo que aparece detrás es una dinámica política reconocible: cuando Torres confronta con un intendente, no necesariamente paraliza la presencia provincial en esa localidad; por el contrario, puede intensificar la relación directa con instituciones y sectores de la comunidad mientras mantiene al jefe comunal fuera de la interlocución principal.

Comodoro Rivadavia dejó hace pocos meses uno de los ejemplos más claros. Cuando Othar Macharashvili enfrentó al Gobierno provincial por el destino de los bienes que YPF dejaba en la ciudad y reclamó participación del Municipio, la discusión escaló hasta una intimación formal a la petrolera. Apenas un día después, Torres reunió directamente a clubes, asociaciones vecinales y organizaciones sociales comodorenses para anunciar el destino de bienes e inversiones, dejando al Ejecutivo municipal por fuera de aquella relación.

La comparación con Rawson resulta inevitable porque nuevamente aparecen los clubes como interlocutores directos de Provincia. En Comodoro ocurrió en medio del enfrentamiento con Macharashvili por YPF; en Rawson, después de la interna radical, Torres reunió a once instituciones deportivas y comprometió obras a través del Plan Galina. Al día siguiente, completó la agenda con una inversión sanitaria de alto impacto en el Santa Teresita, otra vez sin Biss.

La maniobra tiene una consecuencia política concreta, independientemente de cuál sea la intención del gobernador. Mientras el conflicto se concentra sobre el intendente, Provincia mantiene la posibilidad de mostrar gestión dentro de esa misma ciudad, coloca recursos y sostiene relaciones con clubes, cooperativas, hospitales, asociaciones y organizaciones. El jefe comunal pierde durante ese período parte de la centralidad institucional, pero la estructura provincial continúa funcionando sobre su territorio.

Algo semejante ocurrió con Héctor “Cano” Ingram en Trevelin. Durante junio, el intendente cuestionó que el Municipio fuera dejado afuera de actividades provinciales vinculadas con una visita del Banco Mundial y Torres respondió con dureza, llegando a hablar de “politiquería barata”. Pocos días más tarde, sin embargo, ambos volvieron a encontrarse alrededor de la discusión por Futaleufú y posteriormente retomaron reuniones para avanzar con proyectos de gas y viviendas.

Ese antecedente permite entender mejor la lógica. El enfrentamiento puede alcanzar un nivel alto de exposición pública, pero eso no significa necesariamente que vaya a sostenerse durante meses. Cuando aparece una cuestión estratégica que obliga a trabajar en conjunto, el vínculo vuelve a acomodarse y las diferencias pasan a un segundo plano. Con Biss ya ocurrió varias veces durante este mismo año.

Mientras dura el período de distancia, sin embargo, el Gobierno provincial construye en los hechos una suerte de circuito político paralelo dentro del municipio. No se trata naturalmente de otro gobierno local, porque las facultades de cada administración están claramente delimitadas, sino de una forma de ejercer presencia territorial sin utilizar al intendente como interlocutor obligado. Provincia llega directamente a las instituciones, financia obras, hace anuncios y construye una agenda propia dentro de la ciudad.

En algunos sectores políticos de Rawson esa situación incluso genera una lectura paradójica. Cuando Provincia y Municipio mantienen una relación ordenada, muchas gestiones avanzan dentro de la normalidad institucional y las diferencias sobre quién obtiene el rédito político se diluyen. Cuando la relación se tensa, en cambio, cada desembarco provincial se vuelve más visible y quienes mantienen diferencias con Biss encuentran argumentos para destacar que las inversiones continúan llegando aun sin el intendente sentado en la mesa.

No hay datos que permitan afirmar que una mala relación genere más obras o mayores recursos, pero sí aparece un patrón político que ya tuvo manifestaciones en distintas ciudades. Torres no suele responder a un conflicto retirando a Provincia del territorio; mantiene la agenda y busca otros interlocutores. Con Macharashvili ocurrió después de la disputa por YPF, con Ingram hubo momentos de fuerte tensión antes de volver a negociar y ahora Rawson atraviesa uno de esos períodos después de la interna radical.

El límite de esa política aparece cuando llega la hora de contar votos. Biss no es solamente el intendente de la capital y un dirigente con peso dentro de la UCR; mantiene influencia política sobre sectores radicales y legisladores que pueden resultar importantes para el Gobierno en determinadas votaciones de la Legislatura. Torres necesita construir mayorías para presupuestos, autorizaciones financieras, reformas y proyectos que no siempre pueden resolverse exclusivamente con las manos propias del oficialismo.

En esas circunstancias, el frío suele durar menos. El gobernador puede prescindir temporalmente de Biss en una actividad pública o demostrar que Provincia puede mantener presencia directa dentro de Rawson, pero en algún momento la aritmética legislativa, una obra que requiere coordinación o una negociación política más amplia puede volver a convertir al intendente en un interlocutor necesario. Biss, por su parte, también necesita del Gobierno provincial para avanzar con obras y gestiones que exceden la capacidad financiera del Municipio.

Por eso esta nueva distancia probablemente deba leerse como otro capítulo y no como una ruptura definitiva. La relación ya atravesó enfrentamientos fuertes, posteriores acercamientos y nuevas diferencias durante todo el año. Esta vez el detonante fue una interna radical que dejó a Biss parado enfrente del sector acompañado por el oficialismo provincial y terminó con acusaciones públicas sobre la intervención del Gobierno.

Hasta que llegue una nueva necesidad de negociación, la fotografía es otra. Torres hizo política durante dos días consecutivos dentro de Rawson sin el intendente de Rawson: primero con once clubes y después en el Hospital Santa Teresita. Cuando vuelvan a ser necesarios los acuerdos, las gestiones compartidas o determinados votos dentro de la Legislatura, probablemente reaparezca la relación institucional más cercana. Mientras tanto, Provincia eligió caminar la capital por afuera de Biss y dejó expuesto, una vez más, ese particular juego de distancias y reconciliaciones con el que el gobernador administra buena parte de sus relaciones políticas.

Compartir:
Puntuar Este Artículo