“A veces estamos dos días sin comer”: tiene habilitación para vender y denuncia hostigamiento de la Guardia Urbana
Tiene una habilitación municipal para vender indumentaria, pero denuncia que la Guardia Urbana lo amenaza, lo maltrata e intentó retirarle la mercadería mientras estaba con su esposa y su bebé. Debe dos meses de alquiler y asegura que hay días en los que no tienen para comer. Identificó al jefe del área y a un agente por las intervenciones que describe como un hostigamiento constante. “Yo no quiero que nadie me regale nada”, sostiene: pide que lo dejen trabajar para mantener a su familia.
Esteban Lauro Arriola camina por Sarmiento con un bolso de medias, ropa interior, repasadores y toallas. Cuando las ventas no alcanzan, vuelve a su casa, se baña y sale otra vez. Su puesto está afuera del supermercado Supermaxi, sobre la vereda del comercio, cuyos responsables le dieron permiso para vender allí, según contó. Algunas noches se queda hasta que cierra el local. De esa recaudación dependen su esposa, su bebé y él.
“Yo tampoco quiero andar mangueando, yo quiero laburar, tengo que pagar mis cosas”, expresó en una entrevista exclusiva con Río Mayo 1935. Denunció que integrantes de la Guardia Urbana Municipal lo amenazan con retirarle la mercadería y le impiden trabajar pese a haber obtenido una habilitación del propio municipio.
Comenzó a viajar desde Comodoro Rivadavia para vender en Sarmiento hace seis años y hace dos se radicó en la ciudad. Hoy paga cerca de $600.000 mensuales de alquiler y, según relató, debe dos meses. Con las ventas también tiene que comprar alimentos y reponer los productos que ofrece en la calle.
“A veces llegamos para pagar el alquiler y a veces estamos dos días sin comer”, dijo. Contó que, cuando el dinero no alcanza, procuran preparar algo para su hijo y ellos se arreglan con mate cocido. Aunque ha buscado ayuda ante las dificultades, insiste en que quiere sostener su casa trabajando: “Yo no quiero que nadie me regale nada”.
Su jornada empieza por la mañana y puede extenderse hasta las diez y media de la noche. Calcula que el bolso llega a pesar unos 50 kilos. Camina, descansa donde puede y sigue ofreciendo la mercadería antes de instalarse en el puesto. “A veces no paso ni tiempo con la familia para poder tener algo en mi casa y para poder pagar”, explicó.
Mostró la habilitación y denuncia que quisieron sacarle las cosas
En la última intervención que relató, Arriola estaba con su esposa y su bebé en el puesto de la vereda de Supermaxi, un supermercado de capitales chinos. Según denunció, un agente quiso retirarle la mercadería aunque él mostró su habilitación. Las cosas no llegaron a ser decomisadas, pero terminó levantando el puesto.
Identificó al agente como Brian Ezequiel Castillo y señaló que recibía instrucciones por radio de Eduardo Alberto Dubreuil, a cargo de la Dirección de la Guardia Urbana Municipal. Aseguró que Castillo se presentó con su nombre completo y le manifestó que cumplía las órdenes de su jefe. Dubreuil figura al frente del área en una resolución municipal publicada este año, que también registra a Castillo como su reemplazante durante una licencia.
Arriola contó que evitó discutir delante de su familia y de los clientes, aunque se sintió humillado por el trato recibido. “Uno trata de comportarse lo mejor que se puede, porque uno tiene que tener respeto por la gente que le compra”, manifestó. Señaló que empleados del supermercado y vecinos presenciaron lo ocurrido.
También denunció episodios anteriores con Dubreuil. Según su relato, el jefe de la Guardia Urbana lo había parado para exigirle el permiso mientras circulaba con su familia en una camioneta particular. El vendedor considera que esas intervenciones forman parte de un hostigamiento personal que se repite desde hace años.
“Primero te dicen una cosa y después te salen con otra”, cuestionó. Explicó que tramitó una nueva habilitación después de que le objetaran el permiso con el que venía trabajando. Cuando obtuvo el carnet, aseguró, le dijeron que solamente servía para la feria.
El municipio le otorgó un carnet para vender indumentaria
El Carnet de Habilitación Social que Arriola entregó a este medio está fechado el 21 de septiembre de 2026. Lo identifica en el Registro de Feriantes N.º 122/2026, bajo la denominación comercial “Esteban”, y consigna como rubro autorizado la “venta de indumentaria”.
La documentación corresponde al Régimen de Promoción Social y Económica para Emprendedores Feriantes de Sarmiento, creado por la Ordenanza 035/25. La norma contempla la comercialización de productos propios o adquiridos a terceros en ferias y espacios públicos o privados habilitados. Su alcance no se limita exclusivamente a una feria municipal, aunque requiere que los lugares de venta estén autorizados.
El puesto funciona sobre la vereda, fuera del supermercado. Arriola asegura que cuenta con el consentimiento de los responsables del comercio, aunque esa conformidad es distinta de la autorización municipal para ocupar el espacio público. El trabajador sostiene que cumplió con los trámites que le solicitaron y que las objeciones continuaron después de recibir el carnet.
Según contó, le comunican verbalmente que no puede permanecer allí, mientras él insiste en mostrar la documentación que le entregó el municipio. “Lo único que quiero es poder trabajar tranquilo y que no me molesten”, manifestó.
La Guardia Urbana debe actuar con respeto y sin discriminación
La Ordenanza 071/2013, que regula a la Guardia Urbana de Sarmiento, exige a sus integrantes respetar a las personas, actuar con imparcialidad y sin discriminación. Sus tareas comprenden la prevención, la educación y el control del cumplimiento de las normas municipales. También deben acreditar su función y permitir la participación de quienes son inspeccionados.
Arriola denuncia un trato muy distinto. Describe amenazas, burlas y exigencias reiteradas que, según sostiene, lo obligan a interrumpir las ventas de las que depende su familia. “Él tiene que tratar las cosas como tiene que tratarlas y respetar lo que tiene que respetar”, expresó al cuestionar al jefe del área.
El trabajador relató que intenta evitar enfrentamientos para cuidar su relación con quienes le compran, pero que la repetición de los episodios lo tiene angustiado. Asegura que los controles y las discusiones en el puesto lo exponen delante de los clientes y lo dejan sin posibilidades de completar la recaudación que necesita llevar a su casa.
El pedido para reducir el canon sigue sin respuesta desde abril
El reclamo por el canon llegó al Concejo Deliberante el 30 de abril de 2026. A través del expediente 147/26, Arriola pidió modificar el cobro a los vendedores ambulantes previsto en la Ordenanza General Impositiva 001/26. Su tratamiento fue derivado a la Comisión de Legislación, Interpretación, Reglamento e Instrucción Pública, presidida por el concejal Gognat. Según la información aportada a este medio, el expediente continúa en esa comisión y el pedido sigue sin una solución.
Arriola dijo que le exigían alrededor de $20.000 diarios y calculó que, si tuviera que pagarlos durante treinta días, destinaría al canon otros $600.000, una suma similar a su alquiler. “Hoy estoy con poca mercadería, porque lo poco que tenía lo iba pagando en los cánones”, sostuvo.
La Ordenanza General Impositiva 001/26 establece para vendedores ambulantes un canon diario equivalente a $18.000, de acuerdo con el valor del módulo municipal fijado en esa norma. El régimen de emprendedores, por su parte, permite otorgar exenciones o reducciones a personas en situación de vulnerabilidad acreditada.
“Si me tengo que poner a pagar 20 lucas por día en un canon”, planteó Arriola, “¿cómo hago?”. Contó que algunos días vende tan poco que no consigue cubrir la comida y que cada interrupción del trabajo lo deja con menos posibilidades de reunir el alquiler. Después de llevar su pedido al Concejo y obtener el carnet municipal, asegura que todavía debe discutir para poder instalar el puesto: “Yo vivo de esto”.
