Casi 7 millones de argentinos quedaron fuera del sistema de crédito por el aumento de la morosidad
La cantidad de personas que ya no puede acceder a nuevos préstamos alcanzó un nivel que no se veía desde la salida de la Convertibilidad. Mientras el crédito se expandió durante 2024 y 2025, el deterioro de la capacidad de pago de los hogares hizo crecer los incumplimientos y dejó a millones de personas sin posibilidades de volver a financiarse.
El fuerte crecimiento del crédito registrado durante los últimos dos años comenzó a mostrar su costado más crítico. De acuerdo con un informe de la consultora 1816, elaborado a partir de datos de la Central de Deudores del Banco Central (BCRA), casi 7 millones de argentinos quedaron fuera del sistema de crédito por registrar atrasos en el pago de sus obligaciones financieras.
La cifra no corresponde a personas que nunca tuvieron acceso al financiamiento. Se trata de usuarios que obtuvieron préstamos personales, utilizaron tarjetas de crédito o financiaron consumos y que, con el paso de los meses, dejaron de cumplir con los vencimientos. Esa situación los ubica en categorías de riesgo que les impiden acceder a nuevos créditos en bancos y, en muchos casos, también en entidades financieras no bancarias.
El deterioro fue progresivo. En octubre de 2024 la mora de las familias se ubicaba en el 2,5%. En mayo de este año trepó al 12,7%, el porcentaje más alto registrado en más de dos décadas. El informe señala además que la morosidad acumula 19 meses consecutivos de crecimiento.
El impacto alcanza a todos los segmentos, aunque es más marcado entre los jóvenes. Cuatro de cada diez menores de 35 años con préstamos activos registran algún incumplimiento, un dato que refleja el mayor nivel de vulnerabilidad de quienes ingresaron recientemente al sistema financiero.
La expansión del crédito fue una de las características del nuevo escenario económico iniciado a fines de 2023. La baja de la inflación mensual, la reapertura del financiamiento bancario y la mayor oferta de préstamos impulsaron el consumo mediante cuotas y créditos personales. El propio Banco Central informó que, a diciembre de 2025, más de 20,3 millones de personas mantenían algún tipo de financiamiento formal, el registro más alto desde que se llevan estas estadísticas.
Ese crecimiento también estuvo impulsado por las billeteras virtuales y las fintech, que ampliaron el acceso al crédito para trabajadores independientes, monotributistas y personas que históricamente tenían dificultades para obtener préstamos en la banca tradicional.
Sin embargo, la recuperación del crédito avanzó más rápido que la de los ingresos. En muchos hogares el financiamiento dejó de utilizarse para inversiones o compras de largo plazo y pasó a cubrir gastos cotidianos. La combinación entre cuotas, tarjetas y préstamos personales elevó el nivel de endeudamiento y comenzó a reflejarse en los índices de mora.
El resultado es una paradoja. Nunca hubo tantos argentinos con acceso al crédito formal, pero tampoco tantos excluidos de volver a obtenerlo por incumplimientos en los pagos. Para el sistema financiero representa un deterioro en la calidad de la cartera de préstamos. Para millones de familias significa perder una herramienta que, en muchos casos, se había convertido en la única alternativa para afrontar el consumo diario.
