a

La Patagonia Sur reafirma su condición de la región con los alimentos más caros del país

La Patagonia Sur volvió a posicionarse como la región con el costo de vida más elevado de la Argentina, especialmente en materia de alimentación. Así lo confirman los informes recientes del Observatorio de Economía de los RRNN de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNPSJB, que releva precios en 44 supermercados de Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, utilizando cada mes entre 6.000 y 18.000 registros de productos.

Los datos de octubre y noviembre de 2025 muestran que llenar el “changuito” patagónico supera los $820.000, mientras que la Canasta Básica Alimentaria (CBA) y la Canasta Básica Total (CBT) se consolidan como las más caras del país. Este comportamiento confirma una tendencia persistente: en el sur del país, alimentarse cuesta más y la brecha con otras regiones continúa ampliándose.

Las ciudades con los valores más elevados fueron Río Gallegos ($714.683), Caleta Olivia ($711.353) y Comodoro Rivadavia–Rada Tilly ($709.818). En las localidades chubutenses de Rawson, Trelew y Puerto Madryn los valores se mantuvieron apenas por debajo, pero siempre muy por encima de las referencias nacionales. En Esquel la CBA alcanzó $676.067, mientras que Ushuaia, pese a su estructura impositiva y logística particular, registró $668.872, un valor igualmente elevado si se lo compara con el centro y norte del país.

El costo de la CBT acompañó la misma tendencia. Río Gallegos volvió a encabezar la medición regional con $1.596.081, seguida de Caleta Olivia ($1.591.014) y Comodoro/Rada Tilly ($1.582.894). Todas las ciudades superaron ampliamente el millón y medio de pesos requerido para no caer bajo la línea de pobreza.

El informe también incorpora la referencia nacional del “Changuito Federal”, elaborado por Analytica, que ubica a Santa Cruz ($834.177), Chubut ($829.597) y Tierra del Fuego ($822.066) como las tres jurisdicciones más costosas para la compra de alimentos básicos en todo el país. La Patagonia Sur se consolida así como el territorio de mayor presión de precios de Argentina.

El Observatorio explica que este fenómeno se sostiene en factores estructurales: altos costos logísticos por grandes distancias, baja densidad poblacional y una competencia comercial limitada, que impide una homogeneización de precios como la observada en regiones más pobladas. La reversión de la convergencia de precios registrada años atrás también contribuye al encarecimiento relativo de la región.

A estos elementos se suma un deterioro del mercado laboral. Durante 2025 se estima la pérdida de 26.000 empleos formales en la Patagonia Sur, fenómeno explicado por migraciones hacia zonas de mayor empleabilidad, jubilaciones, incremento del trabajo informal y una mayor presión sobre las ciudades más grandes, como Río Gallegos y Ushuaia. Esta contracción del empleo formal afecta directamente el ingreso disponible y, por lo tanto, la capacidad de acceso a los alimentos.

La variación de precios también muestra señales preocupantes. Desde mediados de 2024, las divisiones de “alimentos y bebidas no alcohólicas” y “bebidas alcohólicas y tabaco” aumentaron 15,1% y 17,8%, respectivamente, ubicándose por encima del índice general difundido por el INDEC. En octubre, la CBA y la CBT registraron incrementos de entre 2,4% y 3,5% según la ciudad, mientras que el aumento interanual alcanzó picos cercanos al 35%.

Uno de los indicadores que mayor preocupación genera es el Índice de Accesibilidad a la Canasta Básica Alimentaria (IACBA), que mide cuántas canastas puede adquirir un hogar tipo con sus ingresos netos. En Chubut, los hogares perdieron el equivalente a 0,75 canastas, mientras que en Santa Cruz la pérdida llega a una canasta completa. La caída refleja una erosión concreta del poder adquisitivo, en un contexto donde los alimentos suben más rápido que los salarios.

La comparación con los valores nacionales también es contundente. La línea de indigencia del INDEC se ubicó en $544.304 y la de CABA en $687.367, muy por debajo de los más de $709.000 registrados en Comodoro Rivadavia por el Observatorio. Lo mismo ocurre con la línea de pobreza: la CBT de Comodoro supera ampliamente los montos de referencia de organismos nacionales y de otras ciudades del país.

En este contexto, resulta llamativo el discurso que sostiene que “no hay inflación” o que la inflación estaría “controlada”. En la Patagonia, la realidad cotidiana avanza en sentido contrario. Los aumentos en combustibles, energía, servicios públicos, transporte y tarifas se sienten de manera más intensa que en otras regiones, y tienen un efecto directo sobre el precio final de los alimentos. La razón es estructural y muy simple: en la Patagonia las cosas llegan por transporte, y el transporte se mueve con combustible. Cada incremento del gasoil repercute inmediatamente en los precios de góndola, porque los productos recorren cientos y, en muchos casos, miles de kilómetros antes de llegar a los supermercados. A esto se suman tarifas energéticas más altas y un mayor consumo por condiciones climáticas, lo cual encarece la operación comercial y la vida diaria en los hogares.

El panorama que surge de los informes es claro: la Patagonia Sur transita un escenario donde los precios elevados, la estructura comercial concentrada, el aumento sostenido de combustibles y servicios y el deterioro del mercado laboral profundizan la desigualdad regional en materia de acceso a la alimentación. La región más austral del país continúa pagando más por los alimentos esenciales, mientras el poder adquisitivo de los hogares se debilita, consolidando un desafío económico y social que se proyecta hacia los próximos meses.

Compartir:
Puntuar Este Artículo