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¿Y la plata dónde está? Río Mayo ya recibió $1.760 millones, un 28,3% más que en igual período de 2025

Una revisión exhaustiva de las transferencias realizadas por el Gobierno del Chubut muestra que, hasta el 24 de agosto, la gestión municipal recibió $1.760.330.249,48, casi $389 millones más que a la misma altura de 2025, una diferencia equivalente a casi dos meses completos de transferencias. El crecimiento contrasta con las dificultades financieras expuestas reiteradamente por el intendente Gustavo Loyaute y con sus referencias a la caída de los recursos vinculados al petróleo, ya que las regalías petroleras también aumentaron en la comparación interanual. Si el comportamiento se sostiene, 2026 podría terminar con más de $500 millones de diferencia sobre el año pasado, mientras este cálculo todavía deja afuera ATP, subsidios y otros aportes extraordinarios otorgados por Provincia.

Las dificultades financieras de la Municipalidad de Río Mayo han ocupado buena parte del discurso económico de la gestión de Gustavo Loyaute durante este año, generalmente asociadas a una menor disponibilidad de recursos, al retroceso de la actividad hidrocarburífera y a la incidencia que la caída del valor del petróleo tendría sobre las regalías. Esa explicación, repetida en diferentes oportunidades, encuentra ahora un punto de contraste en los números que surgen de la información oficial del Ministerio de Economía del Chubut.

El relevamiento realizado por Río Mayo 1935 permite comparar exactamente la misma cantidad de transferencias y prácticamente el mismo período de ambos años. Hasta el 25 de agosto de 2025, las primeras 31 liquidaciones habían significado para Río Mayo $1.371.749.119,16; hasta el 24 de agosto de 2026, también con 31 liquidaciones contabilizadas, el monto alcanzó $1.760.330.249,48.

La diferencia asciende a $388.581.130,32 a favor de este año y representa un crecimiento nominal del 28,3%. Llevado a una dimensión más cotidiana para las cuentas municipales, el incremento acumulado equivale a casi dos meses completos de transferencias al ritmo que viene registrando Río Mayo durante 2026, por lo que no puede considerarse una variación marginal dentro del volumen de recursos que administra la gestión.

Las regalías petroleras también crecieron frente a 2025

La comparación adquiere especial importancia porque una parte sustancial del argumento económico del Ejecutivo estuvo ligada al petróleo. La actividad hidrocarburífera tiene una incidencia concreta sobre las finanzas de Río Mayo, pero una caída en el valor del barril no significa necesariamente que, al momento de realizarse las liquidaciones, el Municipio termine recibiendo menos pesos por regalías.

Hasta fines de agosto de 2025, las primeras 31 transferencias habían dejado aproximadamente $445,1 millones en regalías petroleras. Durante el mismo tramo de 2026, el concepto alcanzó alrededor de $570,9 millones, casi $126 millones adicionales y un incremento nominal también cercano al 28,3%.

La evolución tampoco está explicada por un pago excepcional que distorsione la comparación. Durante el primer trimestre de 2026 las regalías petroleras se ubicaron aproximadamente un 5,4% por encima del mismo período del año anterior; en el segundo trimestre el crecimiento superó el 52% y durante julio y agosto volvieron a superar las cifras de 2025.

La actividad petrolera puede atravesar dificultades y las regalías pueden sufrir variaciones futuras por producción, precios, tipo de cambio y otros factores que intervienen en su determinación, pero el dato efectivamente registrado hasta el 24 de agosto es otro: Río Mayo recibió nominalmente más dinero proveniente de regalías petroleras que a la misma altura del año pasado.

Una caída inicial que se revirtió ampliamente desde abril

El comportamiento de las transferencias generales permite entender de dónde pudo surgir parte de la preocupación expresada durante los primeros meses. Entre enero y marzo de 2026 Río Mayo recibió $500.765.575,99, frente a $515.259.017,24 durante el mismo trimestre de 2025, una reducción nominal cercana al 2,8%.

Desde abril, sin embargo, la tendencia cambió con fuerza. El segundo trimestre de 2025 había dejado $477.592.157,56, mientras que entre abril y junio de este año ingresaron $761.461.502,60, una diferencia cercana a los $284 millones que representó un crecimiento nominal del 59,4%.

El resultado fue suficiente para absorber ampliamente la caída inicial y colocar al primer semestre de este año muy por encima del anterior. Entre enero y junio de 2025 Río Mayo había recibido alrededor de $992,8 millones; durante los mismos seis meses de 2026 acumuló $1.262,2 millones, unos $269,4 millones más.

El tercer trimestre todavía permanece abierto porque la última información disponible llega hasta el 24 de agosto, aunque julio y las primeras semanas de agosto ya sumaron otros $498,1 millones. Con ese movimiento, el acumulado alcanzó los $1.760 millones y amplió la ventaja interanual hasta los casi $389 millones que hoy forman parte central de esta discusión.

La diferencia podría superar los $500 millones antes de terminar el año

Durante todo 2025, Río Mayo recibió $2.152.462.160,25 mediante este régimen de transferencias. Antes de terminar agosto de 2026 ya había alcanzado el 81,8% de aquella cifra, cuando todavía restaban liquidaciones del tercer trimestre y los tres meses completos del cuarto.

Después del corte comparable de agosto del año pasado quedaron otras 17 transferencias que, hasta diciembre, aportaron aproximadamente $780,7 millones. Si este año esas mismas liquidaciones simplemente repitieran sus valores nominales de 2025, sin crecimiento alguno, Río Mayo terminaría cerca de los $2.541 millones y conservaría prácticamente la misma ventaja de $389 millones que ya tiene acumulada.

El comportamiento observado hasta ahora permite considerar una hipótesis todavía más significativa. Para que 2026 termine con una diferencia superior a los $500 millones respecto de todo 2025, las transferencias restantes deberían crecer apenas alrededor de un 14% frente al último tramo del año pasado, cuando hasta agosto la variación interanual viene siendo del 28,3%.

Si esa tendencia se mantuviera durante los meses restantes, el ejercicio podría cerrar cerca de los $2.762 millones, aproximadamente $610 millones por encima de 2025. La proyección no constituye dinero asegurado ni permite anticipar cómo evolucionarán las próximas liquidaciones, pero muestra que superar una diferencia anual de $500 millones no requiere que se repita siquiera todo el crecimiento registrado durante los primeros ocho meses.

Más dinero para una estructura que vuelve todos los meses al mismo lugar

Los casi $389 millones adicionales tampoco pueden interpretarse como dinero disponible en una cuenta esperando un destino. La gestión debe sostener salarios, combustibles, servicios, proveedores, mantenimiento, asistencia social y una estructura administrativa cuyos costos también aumentaron. Precisamente por eso, la comparación de los ingresos abre otra parte del análisis: si los recursos crecieron, hace falta comprender por qué ese incremento todavía no consigue alterar la dinámica de una administración que continúa mostrando dificultades para atravesar cada mes.

Río Mayo parece haber quedado atrapado en una lógica de subsistencia donde buena parte de lo que ingresa encuentra inmediatamente una urgencia que atender. Se consigue sostener la necesidad inmediata, pero las condiciones que la producen permanecen y vuelven a presentarse poco después, provocando que cada aumento de recursos termine incorporado a una estructura que consume más dinero sin conseguir reducir de manera permanente la presión que soporta.

Las becas laborales son una expresión visible de ese fenómeno, aunque reducir el problema solamente a los becados significaría apuntar justamente contra quienes ocupan el último eslabón de esa estructura. A comienzos de 2026, Río Mayo 1935 había relevado alrededor de 300 personas bajo esa modalidad frente a 56 empleados de planta permanente, mientras que los valores conocidos para parte de esas becas se encontraban entre $220.000 y $250.000 mensuales.

Actualmente existen referencias que ubican la cantidad por encima de las 350 personas, aunque todavía no existe un padrón oficial actualizado que permita establecer ese número como definitivo. Tomando únicamente los aproximadamente 300 relevados inicialmente, una masa de becas ubicada entre aquellos valores representaría entre $66 millones y $75 millones mensuales, una estimación que sirve para dimensionar el sistema pero que no debe confundirse con una ejecución presupuestaria oficial.

El paliativo que contiene una necesidad pero no logra transformarla

Para cientos de familias, esos ingresos constituyen una ayuda indispensable en una localidad donde las posibilidades laborales son limitadas, por lo que ninguna salida razonable puede consistir simplemente en eliminar las becas y dejar a quienes dependen de ellas sin ningún sustento. El problema estructural aparece precisamente porque una herramienta concebida como paliativo terminó transformándose en una modalidad laboral permanente para personas que realizan tareas del propio Estado sin alcanzar las condiciones económicas ni la estabilidad de un empleo formal.

Una beca de $220.000 o $250.000 puede impedir que una familia quede completamente sin ingresos, pero difícilmente permita resolver sus necesidades básicas. Allí se abre otro circuito que vuelve a presionar sobre los mismos recursos municipales, porque el Estado termina auxiliando también a vecinos que no pueden afrontar una factura de electricidad, el gas, un alquiler u otras obligaciones indispensables para sostener un hogar.

Cada una de esas ayudas encuentra una justificación concreta y sería difícil exigirle a la gestión que abandone a una familia que necesita asistencia, aunque la repetición del mecanismo permite advertir que el Municipio utiliza recursos en distintos puntos de una misma cadena sin conseguir modificar todavía aquello que la origina. Se sostiene un ingreso precario, después se ayuda a cubrir las necesidades que ese ingreso no permite afrontar y, cuando comienza el mes siguiente, la urgencia vuelve a presentarse.

La falta de empleo genuino aparece entonces como uno de los problemas centrales que el aumento de las transferencias todavía no logró modificar. Hubo capacitaciones, programas destinados a emprendedores y diferentes iniciativas de formación, pero la capacitación pierde capacidad transformadora cuando después no encuentra empresas, inversión, obra o actividad productiva que permitan convertir ese aprendizaje en un ingreso estable.

La ausencia de un movimiento sostenido de obra pública también forma parte de esa ecuación, porque además de la infraestructura que deja en una localidad, una obra genera empleo, contratación de servicios, compras a proveedores y circulación de dinero. Tampoco constituye una solución permanente por sí sola, aunque su falta reduce otra de las herramientas disponibles para evitar que toda demanda laboral termine nuevamente concentrada sobre la Municipalidad.

Las diferencias también atraviesan a quienes sostienen la “Gestión GL”

La precariedad no termina en quienes reciben una beca. Testimonios recogidos por Río Mayo 1935 entre integrantes de la propia administración describen una estructura donde funcionarios de primera línea aseguran percibir alrededor de $400.000 mensuales, mientras otros secretarios con responsabilidades comparables cobran cifras que se encuentran por debajo o por encima del millón de pesos.

Los montos surgen de testimonios de personas que forman parte del propio gobierno y exponen una disparidad para la que no se conoce públicamente una escala capaz de explicar qué parámetros utiliza la conducción para determinar remuneraciones tan diferentes entre funciones de responsabilidad semejante. Esa ausencia de criterios visibles deja un amplio margen de discrecionalidad en una de las decisiones más sensibles que puede ejercer cualquier administración: cuánto reconoce económicamente a quienes integran y sostienen su propia estructura.

El ejercicio del poder también se expresa en esa distribución. Una conducción puede reconocer diferentes niveles de responsabilidad, dedicación o función, pero cuando las diferencias se vuelven difíciles de comprender para quienes trabajan dentro del mismo proyecto, la percepción interna comienza a desplazarse desde el reconocimiento hacia la arbitrariedad, especialmente entre personas que acompañan y defienden públicamente una gestión mientras sienten que económicamente permanecen relegadas.

Dentro de ese mismo círculo aparece una frase que algunos integrantes de la administración utilizan para describir su situación cotidiana: “la heladera está vacía”. La expresión adquiere peso porque no surge solamente de un vecino que observa las dificultades desde afuera, sino de personas que trabajan dentro de la propia estructura y que, con sus aciertos y limitaciones, ponen diariamente el cuerpo para sostener la denominada “Gestión GL”.

Una gestión que construye una identidad política alrededor de sus iniciales también se construye sobre quienes la llevan adelante, y cuando algunos de esos funcionarios, trabajadores y colaboradores expresan que sus ingresos no les permiten cubrir necesidades elementales, el debate sobre los recursos deja de ser exclusivamente una cuestión de coparticipación. La pregunta también alcanza al criterio con el que una conducción decide reconocer, ordenar y distribuir internamente aquello que administra.

Administrar la urgencia consume recursos, pero no modifica el origen de la urgencia

En ese punto comienza a aparecer una posible explicación sobre dónde se diluye una parte de los fondos. El dinero entra y encuentra inmediatamente salarios, becas, asistencia, servicios, proveedores y necesidades acumuladas, mientras la estructura económica que debería reducir progresivamente esas demandas continúa prácticamente en el mismo lugar.

El problema no son los trabajadores, los becados ni las familias que necesitan una ayuda para pagar una factura; todos ellos reflejan una realidad que la gestión debe atender. La cuestión es cuánto tiempo puede sostenerse una administración cuyo principal esfuerzo consiste en administrar las consecuencias de esa realidad sin conseguir transformar una porción suficiente de los recursos en actividad económica capaz de modificarla.

Cada persona que no encuentra empleo vuelve al Municipio, cada ingreso insuficiente genera posteriormente nuevas necesidades y cada aumento de recursos termina rápidamente absorbido por una estructura que necesita más para continuar funcionando. La rueda puede sostenerse mientras haya fondos, aunque cada vuelta deja a la administración prácticamente frente al mismo problema con el que comenzó.

Allí aparece la cuestión más profunda detrás de los $1.760 millones. Si cada incremento termina utilizado exclusivamente para prolongar esa lógica, ninguna mejora de la coparticipación parecerá suficiente, porque el problema no estará únicamente en la cantidad de dinero recibido sino en la capacidad política y administrativa para convertir una parte de esos recursos en condiciones que hagan menos necesaria la asistencia del mes siguiente.

Una cuenta que todavía deja afuera los aportes extraordinarios

El monto relevado tampoco representa necesariamente toda la asistencia financiera recibida desde Provincia. Los $1.760 millones corresponden al régimen regular de transferencias, mientras por otras vías pueden llegar ATP, subsidios específicos, Plan Calor, programas, equipamiento, convenios y financiamiento de obras que deben reconstruirse individualmente antes de ser incorporados a una cuenta definitiva.

Esos recursos no pueden sumarse simplemente a partir de anuncios porque un convenio firmado, un aporte comprometido y un desembolso efectivamente realizado representan situaciones diferentes. Aun con esa limitación, el acumulado analizado constituye un piso documentado de los fondos distribuidos a Río Mayo y deja abierta una segunda investigación sobre cuánto más recibió la gestión por mecanismos extraordinarios durante el mismo período.

La comparación realizada hasta agosto ya modifica, sin embargo, una parte sustancial del relato económico. Río Mayo recibió un 28,3% más que a la misma altura de 2025, las regalías petroleras también aumentaron, la diferencia acumulada equivale a casi dos meses completos de transferencias y la evolución actual hace razonable pensar que el año podría terminar más de $500 millones por encima del anterior.

La pregunta que titula esta nota encuentra entonces una dimensión mucho más amplia que la búsqueda de una partida determinada. ¿Y la plata dónde está? Una parte sostiene salarios y funcionamiento, otra contiene una estructura laboral precaria, otra vuelve en forma de asistencia para familias cuyos ingresos no alcanzan y otra se consume resolviendo urgencias que reaparecen porque Río Mayo todavía no consigue generar una economía capaz de disminuir esa dependencia. Mientras esa lógica no cambie, cada incremento podrá servir para sostener otro mes, pero difícilmente alcance para que la gestión deje de volver, una y otra vez, al mismo punto.

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